Córdoba, Galerias

La primera piedra sobre la que edificar una gran cofradía

“La salida de Nuestro Padre Jesús de la Bondad será un momento de liberación de muchos sentimientos, cuando dejemos de acariciar el sueño para abrazar la realidad”. En estos términos se expresaba el máximo responsable de la pro hermandad de la Bondad, Carlos Delgado, en las horas previas a la histórica salida procesional que ha protagonizado el Cristo de la lágrima en la mejilla, el espectacular Cautivo que gubiase el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo, que ha hecho enmudecer las calles cordobesas, ávidas de cofradías, en esta inolvidable tarde noche de primavera disfrazada de invierno que nos ha regalado el clima caprichoso que nos ha tocado en suerte.

Y es que, pese a que los pronósticos de la Agencia Estatal de Meteorología vaticinaban que, a partir de la hora prevista para que el cortejo se fundiera con la marea cordobeses que no han querido faltar a su cita con la historia, la cosa se habría calmado, la persistente lluvia que ha regado el suelo de Córdoba a lo largo de toda la desapacible jornada y, sobre todo, la perseverante presencia del líquido elemento pese a que las manecillas del reloj se acercaban peligrosamente a la hora señalada contradiciendo los pronósticos, hicieron temer lo peor. En concreto en tres momentos críticos: cuando a las 18:34 Gente de Paz adelantaba que la salida se retrasaría al menos hasta las 20:00; a las 19:32 cuando la lluvia volvió a mancillar el suelo de la plaza del Pocito, provocando el desazón en el espíritu de propios y extraños; y pasadas las 20:16, cuando, con el Señor ya en la calle, comenzó a chispear con fuerza poniendo el corazón en un puño a más de uno.

Sin embargo, el azul poderoso del cielo, anticipado por un esperanzador arco iris, se abrió paso permitiendo a la joven corporación del Santuario hacer historia, entre la mirada alborozada de niños y mayores y los sones cada vez más inconfundibles de la Agrupación Musical Cristo de Gracia, perfectamente reconocible en todas y cada una de las marchas que interpreta. A las 19:57 anunciamos que la Bondad salía, y apenas dos minutos después, las puertas del Pocito, reconvertido en histórica capilla para el maravilloso Cautivo, se abrían permitiendo adivinar en sus entrañas la presencia del mismísimo Dios dispuesto a recorrer las calles de su barrio, derramando Bondad en los miles de corazones que se agolpaban a su paso y dejando constancia de que estamos ante una corporación con un futuro insultante, a poco que sus dirigentes continúen profundizando por el sendero por el que comenzaron desde el principio a peregrinar.

Un más que reseñable cortejo de más de un centenar de hermanos, una presencia intachable de sus miembros, un aroma inconfundible a cofradía de barrio y el regusto en el espectador de las cosas bien hechas, pese al pequeño contratiempo que provocó que hubiese que retirar las potencias del Señor y que la inoportuna lluvia obligase a adelantar considerablemente el regreso a casa, fue la nota predominante de una puesta en escena con muchos puntos positivos y pocos reproches, merecedora de una nota elevada sobre la que seguir cimentando un proyecto más que ilusionante. La cuadrilla dirigida con el buen gusto y la elegancia con los que acostumbran a gestionar a sus hombres los capataces Juan Horacio de la Rosa y Jesús Ortigosa, puso la guinda perfecta a una jornada memorable que ya forma parte de la historia colectiva de la Córdoba Cofrade y se antoja la primera piedra sobre la que edificar una gran cofradía.