Ventas y reventas

Ponerle coto a la venta de sillas en la Campana o cualquier otro lugar del recorrido podría ser más fácil de lo que se piensa. Las fórmulas recorren las redes sociales para que no se lucren por la cesión de sillas o palcos. Conozco varias personas que han decidido vender las sillas que les han tocado en Campana porque finalmente trabajarán los días del lunes al miércoles. Y curiosamente se han embolsado una buena cantidad. Sin embargo, no es nada comparable si tenemos en cuenta que, al día siguiente, tras realizar un par de llamadas, quien había comprado estos pases los había vuelto a poner en portales de internet añadiendo un 30% del precio.

Tampoco quedan ajenos los palcos. Un señor al que se le contacta a través de la página mil anuncios ofrece uno de ellos en la zona próxima al Banco de España. 1.500 € es el precio que ofrece. Sin embargo, dobla este precio porque ofrece otro que está en segunda fila en la Plaza de San Francisco. Y la sorpresa no termina aquí. Porque este mismo señor contacta con un número dejado en la web ofreciendo un palco y contacta porque está buscando uno. Incluso los hay que se anuncian con números que no existen aunque curiosamente sí responden al correo indicado.

Parece rocambolesca la historia, pero es tan sencillo como hacer la prueba para ver toda una serie de estrategias con tal de conseguir unos cuantos euros de manera ilegal, que en algunos casos llegan a doblar la cantidad de lo que en un principio está estipulado. Cada año, con la llegada de la Semana Santa no solo hay que hacer frente a quienes critican nuestra manera de vivir la semana mayor en Andalucía, sino que es una tónica predominante que salten a los medios nacionales el negocio que se hace de manera ilegal.

El actual presidente del Consejo ya afirmó en una entrevista en Diario de Sevilla que no es tan fácil como parece poder frenar estas acciones fraudulentas, y que incluso se intentó contratar un detective. Hay quien piensa que todo esto se acabaría si los abonos fueran nominativos y se exigiera identificación en la entrada. La cuestión se vuelve más alarmante aun porque también preocupan dichas actuaciones en materia de seguridad.