La tarde del 2 de enero ha vuelto a propiciar el hermoso contraste que se articula alrededor de la primera procesión del año en la ciudad de San Rafael, una cita que, a la vista del éxito cosechado, va camino de convertirse en una tradición para los cofrades cordobeses siempre ávidos de salidas procesionales que llevarse a la boca. Máxime cuando el sabor que destila esta procesión del Niño Jesús de la Compañía, goza del regusto inconfundible de las cosas bien hechas a las que nos tiene acostumbrados la hermandad del Sepulcro, organizadora junto al colegio de la Inmaculada y la Fundación Santos Mártires.
El colorido infantil y la alegría navideña predominante se han visto tamizadas por la seriedad y el buen hacer que la corporación de Santo Domingo de Silos imprime siempre en cada uno de los eventos que protagoniza. Y así ha vuelto a ocurrir con esta pequeña gran escuela de cofrades en la que paulatinamente se va convirtiendo, para los más jóvenes de la hermandad, esta cita que abre el calendario de la Córdoba cofrade.
Allí ha estado nuestro compañero Rafa Cano, para registrar algunos de los múltiples detalles que han fundido el frío invernal, la inconfundible luminosidad del alumbrado navideño y el aroma a cofradía que ha impregnado las céntricas calles que ha recorrido el cortejo infantil que ha conformado la procesión.
Un nutrido cortejo que anunciaba la llegada del Niño Jesús de la Compañía en su flamante nuevo paso, toda una catequesis itinerante que ha recorrido las calles, a hombros de una valiente y joven cuadrilla mixta que ha logrado una interesante simbiosis con el repertorio clásico que ha regalado, a los afortunados que se han dado cita al paso de la procesión, la Agrupación Musical Sagrada Cena, demostrando una vez más el paso firme de esta nueva etapa en la que se halla inmersa.
Una procesión que parafrasea a Antonio Machado… «caminante no hay camino, se hace camino al andar», dando los pasos adecuados con la solidez precisa, construyendo los cimientos de esta procesión que tiene pinta de convertirse en una cita insustituible, merced a la ilusión que brilla en las miradas de quienes han inundado de incienso las calles cordobesas, y que algunos podremos contar a los cofrades del futuro, que vimos nacer ante nuestras miradas.




















