El prestigioso diario estadounidense The New York Times ha dedicado un extenso reportaje a la reciente restauración de la imagen de la Virgen de la Macarena, una talla icónica del siglo XVII profundamente venerada en Sevilla y considerada un símbolo cultural de enorme relevancia. Según el artículo, esta intervención, aunque inicialmente concebida como un simple “retoque”, ha desatado una polémica de gran calado, con repercusiones que han traspasado las fronteras locales para alcanzar una dimensión internacional.
El reportaje, firmado por el periodista Jason Horowitz desde Sevilla, expone que la talla “necesitaba una intervención” para conservar su estado, una idea que parecía contar con el consenso general de la comunidad sevillana. La Hermandad de la Macarena decidió encomendar a expertos una restauración destinada a subsanar ciertos detalles que requerían atención. Sin embargo, a su regreso a la basílica, la Virgen presentó un cambio estético notable: “un lifting completo de los ojos”, que incluía pestañas más largas, un maquillaje sutil y una modificación perceptible en la pigmentación y la forma de la nariz.

Este nuevo aspecto provocó un rechazo inmediato y generalizado entre los fieles y ciudadanos de Sevilla. El artículo describe cómo el descontento se extendió rápidamente por toda la ciudad, desde los tradicionales bares de tapas —emplazamientos emblemáticos donde se rinde tributo a la Macarena— hasta las calles que vibran con la Semana Santa, acompañadas de imágenes televisivas que mostraban la nueva expresión de la dolorosa. Los devotos, portadores orgullosos de medallas y símbolos hermandadísticos, no dudaron en manifestar su disgusto. Entre ellos, la rotativo americano recoge las manifestaciones de un hermano veterano que expresó con contundencia: “No fue un buen trabajo”, mientras que su esposa sentenció: “¡La Macarena no se maquilla!”.
El suceso, que The New York Times denomina “el escándalo del verano en Sevilla”, generó una división profunda dentro de la Hermandad, institución que aglutina aproximadamente a 18,000 miembros. Asimismo, el reportaje destaca la resonancia de la polémica en otras regiones de España, donde sectores alejados de la tradición sevillana mostraron opiniones críticas e incluso burlonas hacia esta manifestación devocional.
No obstante, el artículo subraya la “reverencia profunda” que la Macarena despierta, una devoción que va más allá de posturas ideológicas o sociales. Paradójicamente, la defensa de la imagen congregó a un espectro amplio de la sociedad, desde conservadores hasta jóvenes vinculados a movimientos culturales alternativos, reflejando la trascendencia del icono en un plano cultural más allá del religioso.
Según el relato de The New York Times, el proceso comenzó en mayo con la encomienda de una limpieza superficial a Francisco Arquillo Torres, restaurador y profesor universitario, quien también propuso intervenir ciertas manchas, revisar las pestañas y lágrimas, y realizar una limpieza general de la superficie, propuestas que fueron aprobadas por la Hermandad. La restauración contó también con la colaboración de su hijo, David Arquillo, especialista que en 2013 defendió una tesis doctoral sobre técnicas de restauración comparadas con procedimientos quirúrgicos humanos.
El medio informa que las pestañas postizas se colocaron finalmente en la basílica, al término de la restauración y justo antes de vestir la imagen con su característico manto y corona. Sin embargo, al observar la talla, algunos oficiales notaron una expresión alterada en la Virgen, y ante la dificultad para contactar con el restaurador, se optó por abrir la basílica al culto el 21 de julio. La difusión en redes sociales del retorno de la imagen fue recibida con reacciones encontradas, y el hermano mayor admitió que el impacto emocional no fue el esperado, causando “choque emocional” en los fieles.
La polémica se intensificó con la circulación de imágenes comparativas del antes y después, lo que llevó a la Hermandad a convocar a expertos para evaluar la situación y cerrar temporalmente la basílica para realizar ajustes urgentes. Se solicitó asimismo la realización de radiografías para evaluar el estado interno de la talla.
Durante una asamblea, se presentó un informe del conservador Pedro E. Manzano Beltrán, quien certificó que la restauración había sido deficiente y detectó daños internos atribuibles incluso a insectos. Se recomendó una intervención restauradora exhaustiva destinada a “recuperar la personalidad original de la imagen”. En ese encuentro, los restauradores defendieron la calidad de su trabajo, explicando que las pestañas se aplicaron al final para evitar su deterioro y admitieron que un movimiento accidental pudo afectar su colocación definitiva. Finalmente, la mayoría de los hermanos votó a favor de una nueva restauración, mientras que el hermano mayor fue objeto de críticas pero mostró disposición para liderar el proceso.
El artículo también recoge la perspectiva espiritual transmitida durante una misa por el padre Amador Domínguez Manchado, quien afirmó que “si un cirujano puede restaurar una cara, un restaurador puede devolver la esencia a una imagen sagrada”, y recordó que “la belleza exterior es secundaria frente a la devoción que inspira”.
Este reportaje de The New York Times no solo da cuenta de un hecho artístico y religioso de primer orden, sino que además pone de relieve la condición de la Macarena como un símbolo de identidad universal. La repercusión internacional de la polémica confirma que esta talla, más allá de su condición de imagen local, constituye un auténtico icono global, cuya historia y devoción trascienden Sevilla para resonar en la conciencia cultural y espiritual de un público mundial.





