La hermandad de la Resurrección ha celebrado este viernes un Cabildo General de carácter extraordinario a la inmediata conclusión del Cabildo General de Salida con un hermosísimo objetivo. El cabildo se ha celebrado en la iglesia de Santa Marina y San Juan Bautista de la Salle de Sevilla y en él se ha aprobado, por unanimidad, la solicitud de Patronazgo de Nuestra Señora de la Aurora sobre la Agrupación del Voluntariado de Protección Civil de Sevilla, formulada por el Servicio de Protección Civil del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.
La Virgen de la Aurora es obra de Antonio Joaquín Dubé de Luque de 1978. Con techo de palio y manto rojo, se incorpora a la comitiva haciendo su primera estación de penitencia en 1992. Formalmente, nos encontramos con una nueva recreación del rostro ideal que Antonio Dubé, con las diferencias que cada caso requiere, busca desvelar en sus imágenes de María. Podemos reconocer una mano experta en el dibujo y segura en el modelado, que traza un rostro exento de tensión o dureza, impregnado de recogimiento y una paradójica introspección comunicativa que suele atraer poderosamente la atención del fiel, quizás por su naturalidad o por manifestar un profundo pathos (íntima emoción que despierta otra similar en quien la contempla) más allá de la aparente serenidad. Es evidente que estos rasgos ya están presentes en la imagen antes de ser escogida por la Hermandad; pero también está claro que la imagen es escogida precisamente por poseer tales rasgos.
La expresión de todos aquellos conceptos teóricos los confió el autor al retoque mediante la policromía de unos ojos grandes y vivos, una boca entreabierta de labios elegantes con comisuras de estudiado ángulo y unas mejillas sonrosadas, en el marco de una inclinación de cabeza asociable a la solicitud materna. Las veraces proporciones y el más que correcto estudio anatómico, con el añadido del característico hoyuelo de las obras del autor, presentan al espectador un rostro que se mece entre lo ideal y lo real, orientado a evocar las emociones deseadas tanto por el imaginero como por la Hermandad: no transmite dolor ni tampoco alegría plena (o, tal vez, un poco de ambos sentimientos dependiendo del ángulo de observación); claramente revela meditación, firmeza, esperanza y, entreviéndose, un naciente gozo interior.
Fuente documental | Hermandad Resurrección





