Poco nos queda para disfrutar de la presencia de Cristo y su Madre por las calles de las ciudades. Irán envueltos entre el incienso, las rosas, lilium o iris; pero también entre el sonido del rachear de los costaleros, el tintineo de campanillas, el roce de las bambalinas y el varal, el toque del llamador o la voz flamenca del saetero, un personaje importante dentro de nuestra Semana Santa y del que poco se habla.
Son numerosos los artículos sobre los saeteros contemporáneos. Un ejemplo es Manuel Cuevas, quien cantó en 2013 una saeta a la Esperanza Macarena en La Campana, que hizo llorar hasta «a los hombres de abajo». Pero, ¿de dónde viene la saeta? ¿Qué significa saeta?
La palabra saeta proviene de la palabra latina sagitte, que significa flecha, expresando así la comunicación tan intensa y directa entre la Imagen y el cantaor.
La saeta es un cante procedente de los cantos litúrgicos, según una de las teorías más extendidas, con influencias de los cantos almuedines y judeo-hebráicos. Sin embargo, la primera mitad del siglo XIX pasa a ser un cante popular, pero no flamenca. La saeta flamenca aparece como tal en 1880 al popularizarse entre el pueblo llano, quien la transformó en una copla de 4 ó 5 versos octosílabos, cantada por martinetes o seguidiyas. Algunos saeteros que han ayudado a su transformación y conservación son Manuel Centeno, Medina «El Viejo», La Niña de los Peines, Manuel Caracol o El Perejil.
Son muchas las anécdotas de los saeteros con las hermandades, como aquella ocurrida entre la Hermandad de la Macarena y «El Gloria», quien cantó tras Manuel Torre, y los costaleros de Jesús de la Sentencia levantaron el paso sin avanzar, meciendo rítmicamente el misterio, algo insólito hasta el momento.
Manuel Centeno fue quien, por primera vez, cantó una saeta a la Cruz de Guía de la Hermandad del Silencio de Sevilla; además, en 1932, año en el que sólo procesionó la Hermandad de La Estrella de Sevilla, cantó ante la puerta de San Lorenzo, cerrada a cal y canto. La Niña de los Peines es otra saetera con tronío, que incluso se ganó el sobrenombre de la Reina de las Saetas en 1916 por parte de su S.A.R. D. Alfonso XIII.
Son muchos más los que han cantado a nuestras Imágenes, como Manolo Caracol quien cantó a la Macarena en la C/Feria en 196 o la Hermandad de Los Gitanos; o Manuel Mairena a los Gitanos en La Alfalfa. Más recientemente hay que recordar la saetas a la Esperanza Macarena de Pastora Soler en la C/Parras o Alex Ortiz, en la entrada de la Basílica.
Pero no sólo en Sevilla hay buenos saeteros, en Córdoba hemos tenido a María «La Talegona», propulsora de la saeta añeja, un tipo de saeta sin aflamencamiento, estando más cerca de su origen; o Luis Chofles o Mariquilla Rojas, quienes hicieron vibrar a los cofrades cordobeses en el s. XX. En la actualidad, podemos nombrar a Churumbaque hijo, Inma de la Vega, Rosa de la María, Álvaro Vizcaíno, Francisco Mira o María José Cruz.
No debemos olvidar que la saeta es una oración hecha cante, una súplica hecha música. Un legado que ha llegado hasta nuestros días y que es nuestra obligación conservar.





