«Vosotros sois la sal de la tierra; vosotros sois la luz del mundo», pronunciaba Juan Pablo II haciendo referencia a los jóvenes. Un Papa que trabajó con sus valores en mano por el acercamiento de los antes citados hacia la iglesia, entre otras muchas cosas. El pontífice número 264 se hizo querer por todo el mundo y como no, esto se vio corroborado el 25 de abril de 2014, día de su canonización. Me encantaría hablar de esta figura de la iglesia, ejemplar sin duda, pero no es el caso. Con esta introducción quiero realzar sus valores y su disposición, sobre todo disposición, hacia nosotros, los jóvenes.
Hoy en día, los jóvenes cristianos y cofrades, en este orden, asistimos a un progreso favorable bastante notable a la hora de hablar de cofradías. Muchos somos los que nos gusta el pasado de estas en tiempos remotos. En pocas palabras, como antiguamente se organizaban las hermandades. Prueba de ello se puede observar en los pregoneros de la juventud. Sabios conocedores de nuestra semana grande y sus corporaciones. También, muchos de los vocales y presidentes de los grupos jóvenes tanto como integrantes de los mismos, que trabajan intensamente por y para su hermandad a lo largo del año.
Por otro lado, nos encontramos con hermandades que son desgraciadamente – permítanme la expresión- verdaderos «cortijos» en los que imperan sus juntas de gobierno de las que parece solo pueden trabajar sus familias y aquellas personas que «son obedientes», por muy mal que lo estén haciendo sus mandatarios. Y que, por supuesto, aquellas personas y jóvenes que lleven un apellido el cual no les guste o no tenga nada que ver con ellos le dificultarán sus estancia en la corporación a la hora de trabajar y disfrutar. Finalmente esas mismas personas son las que hacen tirar por la borda todo el esfuerzo llevado a cabo por otros mandatos, pues el problema está que cuando el amo del Cortijo y sus dulces doncellas abandonan palacio (perdonen mi tono sarcástico) esa hermandad queda desértica por cerrar puertas a esas personas que, con su buen hacer y su buena fe, querían trabajar y disfrutar de su hermandad llevando a la gloria el nombre de sus sagrados titulares, que sin tener culpa de ello, son los que más afectados se ven.
No quiero decir entrelineas con esto que los jóvenes no queramos aprender de los mayores ni que debamos tener un respeto hacia ellos, ni mucho menos. Los mayores del mundo cofrade tienen la experiencia que unida a nuestras ganas de trabajar y de aprender, es un binomio perfecto que hace de las hermandades y cofradías un mayor esplendor. Sin ir más lejos, es el caso del momento por el que pasa la hermandad de la Sentencia. Con esto quiero decir que los mayores tienen que tender una mano fuerte y firme en la que apoyarnos, en vez, de darnos la espalda. Aunque por suerte, Dios gracias, no siempre es así.
Ya lo dijo el Papa Francisco: «Es algo feo que cuando se ve un cristiano que no quiere abajarse, que no quiere servir. Un cristiano que se pavonea por todos lados ¿Es un cristiano feo eso, no? ¡Ese no es cristiano! ¡Ese es un pagano! ¡El cristiano siervo se abaja! ¡Hagamos de tal modo que estos nuestros hermanos y hermanas nunca se sientan solos!».





