Uno intuye desde el viernes que la semana que se acaba es la última de la cuaresma. Las cancelaciones de las procesiones de Semana Santa en Alicante o Ceuta fueron las primeras. Y después esta misma idea fue secundada por las demás ante un escenario que recordaremos por un abril sin rampa en el Salvador, sin palcos en la Plaza de San Francisco y sin cera en las callejuelas.
La cuarentena puede servirnos a quienes ofrecemos información para realizar un examen de conciencia donde analicemos todos los fallos que hemos cometido durante estos últimos días pero, si me permiten, me gustaría hacerlo extensible a todos. Una cuaresma donde la tónica dominante no sea la de acercarse a ver los altares de culto o ir a la mudá de los pasos sino la de mirar hacia nuestros adentros, abordar lo que decimos y cómo influimos en la sociedad cofradiera con ciertas afirmaciones que, a pesar de ser emitidas por uno, acaban extendiéndose entre los demás, ofreciendo una imagen de la que nadie sale airoso.
La semana comenzaba haciéndose eco con las palabras de José Mazuelos Pérez, Obispo de Jerez, afirmando que podrían continuar los besamanos utilizando un desinfectante que, sobre la mano de la imagen, libraría de la transmisión del coronavirus a los fieles. No hizo falta preguntar a ningún imaginero o restaurador para conocer los efectos de tal hazaña.
Capillavirus y burlas varias en las ondas y en las redes. Memes, vídeos, y lágrimas de quienes no podían acercarse a besar la mano de los sagrados titulares recorrieron media España. Las informaciones provenientes de Italia adelantaban un giro brusco en los acontecimientos, resolviendo las autoridades la búsqueda de medidas para paliar con éxito el avance de la pandemia. Y en Twitter, el perfil de Manolo Ruiz, afirmando que el Consejo se había reunido para tratar el tema del coronavirus terminó sacudiendo el mundo cofradiero hasta tal punto que organismos oficiales, como el Consejo o el Ayuntamiento decidieron intervenir para frenar una información que no pasó desapercibida.
La lupa puesta sobre si se suspendería o no la Semana Santa es abordada desde diversas perspectivas. Aprovechando la tesitura un artículo de opinión manifiestamente mejorable se afana en criticar que los medios se centren en escribir acerca de la suspensión de las procesiones o en que rondaban por las distintas cadenas de televisión los típicos personajes que fomentan los tópicos del sur. Imagino que obvió hacer referencia a quien, trajeado y culto, apostado en las puertas de San Julián durante el besamanos de la Virgen de la Hiniesta, manifestó sin dilación que “la Virgen está exenta de coronavirus”, siendo las réplicas constantes en las redes sociales y teniendo que aguantar los que somos cofrades, y creyentes, que toda una horda se nos echase encima con frases como “si llega el coronavirus, los creyentes a la Iglesia y los ateos al hospital” y demás retahíla de trufadas varias.
Pero nadie alzó la voz para recordar una diferencia que quizá este señor pasó por alto: la Virgen de la Hiniesta es una representación de la Virgen, no la Madre de Dios misma llegada desde los cielos. Quizá, como era un tipo trajeado, el clasismo del periodista empujó a este a decantarse por rescatar ese populismo barato de la persona que es presa de la ignorancia -y eso sí es indagar hasta buscar el tópico-.
El viernes la broma deja paso al escepticismo. Tras el anuncio del presidente de declarar el estado de alarma comienzan a sucederse no pocas noticias sobre las procesiones de Semana Santa. En Andalucía suspende su salida procesional la corporación de los Afligidos de Cádiz o la Sagrada Mortaja de Écija. Una ciudad, una hermandad, dos cofradías, tres capitales. Una descoordinación tal que pocos calificativos merece. ¿Está el mundo de las cofradías preparado para aprender de todos los errores cometidos durante una semana que ha dejado al descubierto toda una serie de desconciertos? ¿Cómo es posible que haya organismos que no puedan manifestarse conjuntamente y que las corporaciones vayan por un lado sin atender a principios como la coordinación en tiempos de crisis?
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