Esta semana se ha proyectado en Sevilla la película ‘Semana Santa de Sevilla’ de Manuel Gutiérrez Aragón. Una oportunidad única para reencontrarse con unos de los mejores documentos audiovisuales de la Semana Santa. El motivo ha sido la remasterización de la película en 4K para que los cofrades volvieran a emocionarse con la considerada “mejor película de la Semana Santa”.
Han pasado ya casi treinta años de su estreno. Y todos los que la han vuelto a ver no han podido reprimirse en contemplar las diferencias de la Semana Santa de 1990 y la de 2018. Son varios los cambios que se pueden ver y todo el mundo llega a una conclusión. “La Semana Santa de antes era más auténtica”.
¿Qué ha pasado? La película sin decir nada lo explica perfectamente con la imagen. Desde el Domingo de Ramos con una gran bulla que se creaba en la rampla del Salvador para cangrejear delante del misterio de la Borriquita hasta la calle Parras cuando unos policías disfrutaban de su trabajo animando a los costaleros de la Esperanza Macarena.
La Semana Santa de Gutiérrez Aragón nos lleva a la autenticidad de la mayor fiesta de la ciudad. Del padre que coge en brazos a su hijo que sale por primera vez de nazareno o del espectáculo de la luz cuando se confunde la luz natural con la artificial en la entrada del Gran Poder.
No hace falta preparar y organizar la Semana Santa. Iríamos contracorriente. La Semana Santa es un fenómeno natural que anda por sí sola para mostrar todo su esplendor. Porque eso es lo que se está perdiendo en la últimas que hemos vivido. La naturalidad. El piropo que sale del alma al paso de la Madre de la Madre que camina entre vítores. El cosquilleo interior que corre por dentro con el que deja inmóvil el cuerpo cuando se acerca una cofradía de negro.
Esa es la Semana Santa de Gutiérrez Aragón. La de verdad. La que debemos de volver a ver para aprender de ella. Para que no nos olvidemos de lo que es la Semana Santa de verdad. La mayor fiesta del pueblo.





