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El Respiradero, Opinión

La Semana Santa es de los desarreglados

La Semana Santa es la sociedad. Y en esta sección de opinión intento demostrarlo muchos miércoles. Las cofradías y la Semana Santa va tranformándose al compás de los cambios que se producen en la sociedad. Aquellas estampas de las entradas de las hermandades, llenos los alrededores de sus templos con sevillanos trajeados de sombreros de alas anchas, se han quedado perdidas en imágenes de blanco y negro. Cada año cuesta más ver gente trajeada esperando a una cofradía y es que ya nadie se arregla. No por pereza, sino porque «no es lo normal». Esto es lo que muchos dicen a una cuestión cuya respuesta es que arreglarse para ver cofradías es lo más natural. Y a lo que llamo en estas líneas a normalizarlo.

Esta lección la aprendí el pasado Martes Santo en la vuelta de la hermandad de Santa Cruz. Allí en la Plaza de la Alianza conocí al Padre don Antonio Romero Padilla, a quien felicito aprovechando estas líneas en el día de su cumpleaños. El Párroco de Carrión de los Céspedes vestía un traje negro impoluto que cualquiera de los presentes en la esquina de Rodrigo Caro podía pensar que pertenecía al cortejo de la cofradía. Ambos estuvimos hablando de la hermosa recogida del palio de Mateos Gago. Y en una de las pausas de la Banda del Maestro Tejera sacó un tema que se habla poco en este enrevesado mundo de las cofradías.

Ante tanta belleza. No pasaba desapercibida la vestimenta de los presentes que rayaba en aquel escenario. El Padre Romero Padilla me mostró su desacuerdo con la forma de vestir de la mayoría de los sevillanos y foráneos que venían a ver las cofradías. Y se preguntaba que si aquellos días del gozo eran de los más grandes del año, porque la gente no se arreglaba. Más si era para recibir al Señor y a su Santísima Madre. Yo no pude más que darle la razón y culparme. En ese momento vestía un pantalón y una camisa que tenía sus años. Quizás por comodidad o miedo a no mancharme con la cera de los ciriales.

Sin embargo, la conversación con don Antonio me hizo reflexionar. Hay que sacar lo mejor de nuestro armario para que la Semana Santa recupere un poquito el esplendor que está perdiendo con tantas cosas. Es lo natural. Lo que nos deben enseñar desde pequeños. Porque si aquella noche de Martes Santo Dios venía a nuestro encuentro despojado de sus vestiduras pero con el mejor oro, nosotros no deberíamos recibirlo como si fuera uno más en otro día más de la vida.

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