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El Respiradero, Opinión

La verdad del Corpus

Hace poco más de un año contaba una experiencia vivida en el Corpus de un pequeño pueblo de Sevilla. Una procesión a la que le faltaba algo para saber que estábamos manifestando un sentimiento de alegría. Fuera del cortejo no había nadie. Muchas casas tenían las persianas echadas y las madres sacaban a sus hijas del cortejo para hacerles fotos en una plaza con el traje de primera comunión. Muchos detalles que llenaban de sinsentido a una procesión que ya había perdido el esplendor de antaño. Pero de repente la verdad se presentó para dar una lección a la sociedad de hoy.

De lejos venía una mujer mayor. Su edad pasaba los noventa y sus movimientos eran cortos. Venía acompañada de una mujer que más que parecer su hija parecía ser la cuidadora que le ayudaba a acercarse al paso de la Custodia. Mientras, casi todo el mundo en la procesión hablaba en alto, ignorando el momento que procedía. Pero esta anciana callaba y oraba en silencio. Cuando el paso llegó a su altura, ella que casi no podía andar hizo una prolongada inclinación con todo lo que sus laxos huesos le permitían.

Aunque fuéramos paisanos, yo no la conocía. Quizás la hubiera visto hace años o en otra procesión del Corpus, pero nunca me había fijado en ella. Su escaso cabello níveo lo acompaña una piel arrugada y pálida. Todo aseguraba que hacía tiempo que no salía de su casa o estaba enferma en la cama. La mañana del Corpus fue para ella una excepción. La de luchar con todas sus fuerzas para recibir a Jesús Sacramentado que pasaba cerca de su casa. La enfermedad y los años no eran excusas para ponerse su mejor ropa, peinarse y volver a salir a la procesión del Corpus con la misma ilusión de una niña.

Esta es la causa de por qué Dios sale a la calle. Este año en la misma esquina donde la vi la estuve esperando. Sabía que Jesús Sacramentado le daría fuerzas para que fuera a saludarle. Pero aquella esquina estaba vacía.  Su ausencia rompía en mi adentro un vacío que se llenó cuando miré la Sagrada Forma de Cristo y supe que ella estaba participando de la eucaristía en una eterna mañana de domingo de Corpus.

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