La noche caía temprana por Sevilla. Luces artificiales se imponían a los románticos atardeceres de las últimas horas del estío. En las largas avenidas de las afueras de la ciudad paseaban con rumbo a ninguna parte coches que anunciaban la monotonía del otoño. Se apreciaba la nostalgia en los transeúntes, estudiantes que salían de sus facultades tras atender sus primeras lecciones, trabajadores que con la cabeza agacha regresaban a casa tras una agotadora jornada de lunes.
Lunes… qué hermoso nombre cuando te pienso en mayúscula. En el esplendor del estallido de la primavera cuando Jóvenes Damas se Perfuman de azahar y vienen lentamente a la puerta de tu corazón. Ese pensamiento me mantenía distraído mientras paseaba por una de esas interminables avenidas tan lejos del centro de Sevilla. Hasta que giré a la izquierda para buen trato hacia mi impresión.
Venía acordándome del Lunes. Y me encontré con él. Estaba en el Tiro de Línea un 24 de septiembre sin saber lo que me podían encontrar allí. Sólo recuerdo que en ese momento el corazón salió sobresaltado a la manera de encontrarte a la muchacha a la que tanto sueñas justo cuando vas pensando en ella.
Había salido de la ciudad y me encontraba en un pueblo. Los edificios quedaban aparte y las calles estaban llenas de vecinos en las puertas de sus casas. El rumor de ellos tenía la chispa de un día grande. Venían con sus ropas de domingo acompañados de toda la familia. Los abuelos con sus nietos, amigos y parejas que acaban de terminar de trabajar. Todo un barrio esperaba una larga cola de una hora que empezaba a acabar en la puerta de la Parroquia de Santa Genoveva.
Tras su dintel se encontraba el mismo ambiente que una gran familia tiene el día de Navidad. Todos reunidos junto a su Madre. Cuántas promesas y problemas habrían llegado a Ella en tan pocas horas. Cuántas lágrimas y cuántos besos. Cuántas miradas y cuántos te quieros. Vecinos, hijos que se acercaban con la ilusión del niño que aparece cuando se acercan a besar Su Mano. La Virgen de las Mercedes había bajado de su altar y estaba más cerca que nunca de la verdad del Tiro de Línea.
Una verdad que yo no la sé. Pero bien la conocen y la viven su vecinos. Estaba en sus plantas con cintas de sus comercios, de sus familias, de las calles donde viven sus vecinos. La noche era tan especial que recordaba que a la libertad se llega a través del amor. Y al amor a través de las Mercedes que te tiene un cielo prometido.





