El origen
Para conocer mejor la historia de la Virgen de la Victoria, que recibe culto en la Parroquia de Santa Ana habría que remontarse a los inicios de la Orden de los Mínimos. Creada en 1435, no fue autorizada hasta 1486 por una bula otorgada en San Pedro por el pontífice Inocencio VIII. La advocación mariana de la Orden, Victoria, recuerda a las batallas sobre los musulmanes en tierras malagueñas, lo que indica que la imagen sedente que encontramos en Santa Ana guarda similitudes con la patrona de Málaga.
Tras la toma de la ciudad la Orden comienza a extenderse por el resto de España. Así pues, llegan a Écija y desde ahí consiguen instalarse en Sevilla, en 1512, encabezados por fray Pedro de Almodóvar. Instalados en un primer momento en el centro de la ciudad, poco después se hacen con unos terrenos que estaban bajo el mando del hospital de San Sebastián y su ermita en Triana. Pero para poder hacerse con este espacio los nuevos frailes cedieron ante las pretensiones de sus antiguos dueños, entre otras, que San Sebastián conservase su capilla y que el día de su onomástica se celebraran misas en su honor.
Establecidos en unas tierras más fértiles y en un entorno más acorde con la espiritualidad de la Orden, alejados del centro, vieron cómo un 28 de noviembre de 1517 fray Francisco de Córdoba, obispo auxiliar de Sevilla, consagraba el nuevo monasterio, el séptimo de los Mínimos en España. Aunque en la ciudad existieron otros cenobios más de la Orden, este fue el más importante.
El nuevo cenobio se encontraba en la actual Calle Pagés del Corro, y estaba presidido por la Virgen de la Victoria, una imagen de 1,27 cm, sedente con el Niño Jesús, y cuya autoría los expertos sitúan en el último tercio del siglo XVI, por lo que, de ser así, la imagen llegaría tras llevar la Orden asentada más de media centuria en su nueva localización. En cuanto al Niño Jesús, se cree obra posterior.

La vuelta al mundo
De gran popularidad hubo de gozar esta imagen, ya que el 2 de agosto de 1519, Magallanes y más de doscientos hombres —los expertos cifran el número de participantes entre 230 y 250—, se arrodillaron ante la Virgen de la Victoria. Incluso Magallanes pidió ser enterrado a sus plantas, petición que no se cumplió al morir durante la expedición. En las actuales Filipinas encontró la muerte tras una escaramuza con unos nativos, tomando el mando Juan Sebastián Elcano. Este se puso al frente de la Nao Victoria, una de las cinco naves, que tomó el nombre de la advocación de los mínimos. Y para poder bautizarla con este nombre, los frailes mínimos de Triana hubieron de pedir permiso a la casa grande de Málaga, quienes dieron su beneplácito para que la nao llevase el nombre de la gran devoción mariana de la Orden. Desde Sevilla, los héroes de esta hazaña sin precedentes partieron el 10 de agosto.
A su regreso a España, quedaban tan solo dieciocho hombres, quienes se postraron ante la Virgen de la Victoria para dar gracias por haber llegado sanos y salvos de un viaje que marcaría la Historia. Era el 9 de septiembre de 1522 y, tras haber visitado el monasterio, se dirigieron a la Catedral, para dar gracias también ante la Virgen de la Antigua.
Pero ¿fue la Virgen de la Victoria que se conserva hoy ante la que se postraron los supervivientes de una expedición sin precedentes? En 1704 un incendio devoró el monasterio y no se sabe si la imagen acabó siendo pasto de las llamas o no. Y es complicado averiguarlo, sobre todo debido a las restauraciones por las que ha atravesado la imagen a lo largo de su historia.
Desde la invasión francesa hasta nuestros días
Tras la firma del Tratado de Fontainebleau, en 1807, por parte de Manuel Godoy y Gérard Duroc, se daba vía libre para que las tropas francesas alcanzasen Portugal. Pero la idea era muy diferente y España acabó sufriendo una invasión que acabaría afectando a todas las esferas de la sociedad. En lo que respecta al mundo del Arte, el país acabaría perdiendo importantes obras y no pocos edificios religiosos acabarían siendo utilizados como cuarteles, dada la grandiosidad de estos o como almacenes.
Los monjes acabarían siendo expulsados a principios de la segunda década del siglo XIX y, aunque regresaron en 1814, estarían poco más de veinte años, pues las desamortizaciones harían mella en un imponente conjunto, según los documentos que se conservan. 1835 supone el golpe definitivo a la historia de esta Orden en Triana, pues la exclaustración derivó hacia una ruina que acabó consumiendo el monasterio hasta que a mediados del XIX sería demolido. Quien iba a imaginar un final así para un edificio que albergó a enfermos por la fiebre amarilla de 1800 y que antes de esta fecha llegó a contar con más de ochenta sacerdotes.
Tras la exclaustración pasó a la Parroquia de Santa Ana, y sin duda no debió de contar la Virgen de la Victoria con el fervor de antaño, pues permaneció en los sótanos del templo aun entrada la segunda década del siglo XX. Con motivo del IV centenario de la primera vuelta al mundo, se le recompuso el cuerpo, que había sufrido alteraciones pues pasó a ser una imagen de vestir y fue colocada en una capilla en la nave de la Epístola, en cuyo interior se levantó un frontal de cerámica donde en el centro aparece la Nao Victoria.
En cuanto a sus procesiones, el 19 de mayo de 1929 salió con motivo del Congreso Mariano, yendo precedida por marineros con cirios encendidos. Habrá que esperar hasta 1992 para verla de nuevo en las calles. Aquel 13 de junio se simuló el desembarco de Elcano con sus hombres, acudiendo a Santa Ana para rendirse ante la Virgen de la Victoria. Y el mismo mes se decidió que para la procesión del Corpus Chico formase parte de la procesión, impidiéndolo la lluvia.
En este 2019, un grupo de cofrades pertenecientes a la Hermandad de la Virgen del Carmen, de Santa Ana, decidió que la imagen presidiera un altar efímero durante la procesión del Corpus. El 2 de agosto se cumplirán 500 años desde que Magallanes se postrase ante las plantas de una devoción ligada al pasado marítimo de Sevilla. No hay nada programado, ni siquiera una misa en su honor. Mientras que Portugal conmemora con una serie de actos esta notable hazaña, en España son escasas las iniciativas que se han llevado a cabo con respecto a la primera circunnavegación del planeta. Duerme en el olvido un destacable capítulo de la Historia universal. Y junto a él una devoción que dio la vuelta al mundo.





