Como adelantó nuestro compañero Guillermo Rodríguez, la Córdoba Cofrade está de enhorabuena porque una de sus joyas incalculables sigue estando en las manos de uno de los mejores creadores del actual panorama del arte de vestir a la Virgen, Manuel Jiménez, que seguirá dejando su impronta en virtud de su nombramiento como vestidor de una de las bellezas más impactantes, singulares, personales e intransferibles que habitan el universo cofrade.
Como bien recordaba entonces, de la incalculable sabiduría de Jiménez emana el arte con el que es capaz de potenciar desde hace años la belleza infinita de bellísimas dolorosas de la talla de la propia Virgen de las Angustias, Nuestra Señora de la Estrella o la Esperanza del Valle, logrando en cada composición elevar las almas y convocar a la oración, auténtico objetivo de cualquier vestidor que se precie. Una verdad irrefutable valorada por el nuevo equipo de gobierno de la corporación de San Agustín presidido por Antonio Susín, que ha mostrado su confianza en esta labor impecable.
Con motivo de la época estival, las manos de Jiménez, han concebido un singular conjunto que, si bien no es inédito en la maravillosa imagen de Juan de Mesa, no deja de sorprender por la ausencia del color negro, contrapunto habitual para el atavío de la Reina de San Agustín. La Virgen luce la saya blanca que realizase Antonio Villar a principios del siglo XXI y sobre sus sienes la espectacular diadema de plata de José Aumente que fue bendecida e impuesta a la Virgen en 1925 y reformada en 1956, añadiéndole una corona sobredorada, realizando dicha reforma los Hermanos Montero, si bien en 2009 recuperó su aspecto original, eliminado el añadido de la corona; restauración realizada por Manuel Valera.
Adicionalmente, en su pecho luce el corazón que estrenase con motivo del 30 aniversario de la coronación canónica y el manto rojo coral estrenado en los años sesenta, que le concede el contrapunto de color a la dolorosa tan sui generis y espectacular en esta época del año. Finalmente, la Virgen estrena una preciosa mantilla española de blonda datada en principios del siglo pasado que ha sido donada por un joven devoto en agradecimiento a la Virgen por la total recuperación de su padre después de sufrir un grave accidente. Un maravilloso conjunto para una de las joyas incalculables de todo el universo cofrade.









