Eco fuerte de un golpe seco retumbaba en la Madrugada seguido con el crujir de la plata vieja. Eran las seis y cuarto de la mañana y el palio de María Santísima de la Victoria estaba al lado del dintel para efectuar el traslado a la Catedral con motivo de su Coronación Canónica.
Noche cerrada. Sobre el alquitrán de la fábrica de tabacos se reunían un numeroso público que escuchaba silenciosamente el rachear de los costaleros haciendo el cuerpo tierra. La Virgen de la Victoria estaba en la calle y desde ese momento empezó a escribir la historia de la semana más importante para esta cofradía.
La candelería completamente encendida llenaba de luz una oscura madrugada huérfana de luna. El palio andaba con paso largo, acercando con armonía los ojos de la Victoria. Había un aire de tiempos pretéritos, románticos. Nadie dudaba si en algún momento aparecían los Montpensier.
Desde su salida bastante gente acompañaba a la Virgen y no importaba que pasara por grandes vías. Decir que había costado madrugar era un locura. Y el acompañamiento de la coral polifónica de Jesús Despojado marcaba el discurrir de la Virgen de añeja solemnidad.
En ocasiones se escuchaba en silencio el andar de palio convirtiendo la noche en una prematura Madrugá. Tras salir de los Remedios y atravesar el Puente de las Delicias llegó a los Jardines del Cristina. Todo valía la pena cuando al llegar a la calle San Gregorio sonó Virgen del Valle por algunos músicos de la Banda de las Cigarreras.
En la Plaza del Triunfo se abría la noche. Y un aguado azul aparecía cuando la Virgen de la Victoria se dirigía a la Puerta de Palos. A las ocho en punto de la mañana entraba la Virgen con el cantar de algunos pájaros que anunciaba la mañana dominical. Diferente a todas.
La Virgen de la Victoria ya estaba en la Catedral y nada más llegar fue a visitar a la Virgen de los Reyes. El traslado dejó buenas sensaciones para los que lo vivieron. Dejando adentro ganas de más. Hasta entonces sólo queda disfrutar de una semana histórica y preparar el corazón para enamorarse de los ojos más románticos de María.





