La Virgen de Los Dolores protagonizará un besamanos extraordinario el segundo fin de semana de mayo

El próximo lunes, 8 de mayo, en el Santuario de Nuestra Señora de los Dolores coronada, la Hermandad servita celebrará Solemne Eucaristía en honor de San Peregrin Laziosi (Patrón de los enfermos de cáncer), cuyas reliquias se podrán besar al finalizar la Santa Misa. El Rvdo. Sr. D. Miguel Ángel Vílchez (O.P), Superior de la Comunidad de Dominicos de San Agustín, Capellán de Santa Victoria.

El martes, 9 de mayo, la Cofradía del Viernes Santo celebrará Solemne Eucaristía Conmemorativa del LVIII de la Coronación Canónica Pontificia de Nuestra Señora de los Dolores Coronada a las 19:00 horas, en el Santuario de la plaza capuchina. En esta ocasión, presidirá la eucaristía el Rvdo. Sr. D. Manuel María Hinojosa Petit (Delegado Diocesano de Liturgia – Rector de Santuario de Ntra. Sra. de los Dolores Coronada).

Durante el 13 y 14 de mayo, la Hermandad, y de manera extraordinaria, celebrará un Solemne Besamanos Extraordinario en honor de Nuestra Señora de los Dolores Coronada de 09:00 a 13:30 horas y de 16:30 a 21:00 horas, convirtiéndose en una excelente oportunidad para poder contemplar cara a cara a la Señora de Córdoba.

Nuestra Señora de los Dolores fue coronada canónicamente el 9 de mayo de 1965 por el cardenal Bueno Monreal. Esta ceremonia, que congregó a decenas de miles de cordobeses, es uno de los grandes hitos religiosos de todos los tiempos en la capital. A sus pies se han postrado reyes, príncipes, jefes de Estado, cardenales y obispos en una larga nómina. Las indulgencias concedidas son interminables y la devoción de los cordobeses hace que a ella sean ofrecidos los recién nacidos y que su imagen guarde en la sepultura el sueño eterno de sus devotos.

Cada 9 de mayo la hermandad de los Dolores celebra el aniversario de la Coronación Pontificia, autorizada por una Bula Papal suscrita por Su Santidad Pablo VI, de Nuestra Señora de los Dolores, uno de estos hitos inequívocos que marcaron la devoción popular en la ciudad de San Rafael, de manera particularmente acusada en la segunda mitad del siglo XX. Un acontecimiento que paralizó la ciudad y puso el foco de toda España en su más importante devoción mariana.