La celebración de los cultos y la próxima procesión sitúan a la Virgen del Rocío en el altar mayor de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, en un momento especialmente significativo para la corporación, a las puertas de culminar los “75 años caminando” que marcan su historia reciente
El montaje de altar de este año toma como referencia directa el azulejo de la Virgen del Rocío ubicado en el Patio del Salvador, reinterpretando su simbología y conectando con la tradición rociera que ha acompañado a la hermandad desde mediados del siglo XX.
Esta composición evoca de forma expresa la memoria de los hermanos que colocaron dicho azulejo en 1952, así como de quienes, generación tras generación, han mantenido viva la devoción a la Virgen del Rocío en el corazón de Sevilla.
Un manuscrito como testimonio de fe y entrega
La inspiración del altar se apoya también en un manuscrito hallado en aquel momento, documento que refleja el empeño, la fe y la constancia de los rocieros que levantaron esta hermandad con entrega y profundo sentido devocional.
Ese texto, conservado como testimonio de amor, se convierte hoy en un hilo conductor que enlaza el pasado con el presente, reafirmando una identidad construida desde el compromiso colectivo.
Ajuar y estrenos que enriquecen el patrimonio
La Virgen del Rocío luce en esta ocasión manto y saya de salida, acompañados por el rostrillo de corales, mientras que el Niño presenta un conjunto renovado gracias a donaciones realizadas por los hermanos.
Entre los estrenos patrimoniales destacan los zapatos de plata del Niño, con el escudo de la hermandad; un broche con forma de estrella de Navidad, con brillante, también destinado al Niño; un broche de plata con corales y perlas; y un broche de oro con brillante y zafiro, que igualmente porta la imagen del Niño.
Restauraciones y simbología litúrgica
El conjunto se completa con el estreno de puñetitas antiguas de encaje de concha, recientemente restauradas, así como con la puesta al día del traje del Niño, que ha sido igualmente objeto de restauración.
El cíngulo del Niño se ciñe en siete vueltas, número de profundo significado bíblico, en paralelo al que porta el Señor del Gran Poder, reforzando la carga simbólica del conjunto.
Medallas y recuerdos devocionales
El Niño luce además la medalla de la Hermandad de Pasión, la medalla de la ciudad de Sevilla y el broche donado con motivo de “Rocío, luz de vida”, elementos que subrayan los vínculos devocionales e institucionales de la hermandad.
Un exorno floral al servicio de la devoción
El exorno floral del altar está compuesto por lisiamthun, rosas, margaritas, nobelix, hortensias, rosas en fruto y claveles, configurando un marco de belleza y solemnidad que acompaña a la Virgen y al Niño durante estos días de cultos. Todo el conjunto se presenta como una expresión visual de fe, memoria y continuidad, en un momento clave para la Hermandad del Rocío de Sevilla.









