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Sevilla

La Virgen que llora en San Pedro

Beatificado por Gregorio XV, en 1669 es canonizado por Clemente IX. San Pedro de Alcántara contó en Sevilla con uno de los primeros conventos dedicados a él, situado en la collación de San Andrés. De entre las obras que albergó, dos lienzos que hoy se encuentran en el Bellas Artes o un San Antonio de Padua que ejecutó Murillo y que expoliaron las tropas del Mariscal Soult. Durante esta época el templo acabó convirtiéndose en hospital, regresando los frailes a su interior tras la marcha de los franceses hasta que en 1835 son expulsados a causa de las desamortizaciones.

Hoy en día tan solo queda la iglesia, cuyas titulares son las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Y precisamente en su interior todavía queda un interesante patrimonio que nos puede dar idea de la riqueza que albergó en siglos pasados. Una representación del Santo que da nombre al cenobio se encuentra en el muro del Evangelio, donde también hay una capilla dedicada a San Antonio de Padua y otra a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón. Completa esta parte el retablo de la Virgen de los Dolores.

Cobijada en un retablo de estilo neoclásico durante la segunda mitad del siglo XIX, aparece una desconocida dolorosa. Flanqueada por dos columnas en tonos verdes que imitan mármoles jaspeados la Virgen aparece arrodillada sobre un cojín, con una rica decoración estofada en oro sobre sus vestiduras. Estas otorgan un dinamismo tal sobre todo en su lado izquierdo pues sobre el derecho se recogen bajo el brazo. Sus manos, entrelazadas se dirigen hacia la izquierda mientras su cabeza está ligeramente inclinada hacia la derecha, encontrándose la boca semiabierta. Un corazón de plata con siete puñales aparece a la altura del pecho, en alusión a los siete dolores que padeció.

Esta escultura policromada destaca no solamente por su belleza sino también por el delicado trabajo que se observa en el vuelo de los ropajes, cuidadosamente tratados. De autor anónimo, los expertos fechan su ejecución a finales del primer tercio del siglo XVIII. Perteneciente a una tipología de dolorosa que recuerda a otras Vírgenes como la de la Antigua y Siete Dolores, este modelo típicamente granadino tomó gran popularidad en la Sevilla de la época con obras de Pedro Roldán y posteriormente de Duque Cornejo y Benito Hita y Castillo. Precisamente los rasgos fisonómicos recuerdan en cierta medida a algunas creaciones de Duque Cornejo, aunque no existe documentación al respecto. El rostro, aniñado, aparece rodeado por una toquilla marfileña, decorada con líneas horizontales, mientras que sobre la túnica aparece un peto blanco también salteado de motivos vegetales. La Virgen se encuentra coronada por una presea imperial.

La imagen formó parte de la exposición “Mater Dolorosa”, que reunió a importantes representaciones de dolorosas en la antigua sede de Caja San Fernando, en la Plaza de San Francisco. Allí compartió espacio con obras como la Virgen de los Dolores, de Osuna, la Virgen de la Antigua y Siete Dolores o la dolorosa que se encuentra en la Iglesia de Santiago. Allí pudo contemplarse tocada por una diadema y una ráfaga, dejando una estampa que no ha vuelto a apreciarse desde entonces.

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