Las Angustias de Córdoba decidirá su asistencia a la exposición del IV centenario de Juan de Mesa el próximo 3 de junio

La corporación deberá decidir en cabildo extraordinario su participación en la muestra conmemorativa

Como es sobradamente conocido, el Museo de Bellas Artes de Sevilla ha cursado un ofrecimiento formal a la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias de Córdoba para la cesión temporal de su grupo escultórico, con vistas a su inclusión en la exposición conmemorativa del IV centenario del fallecimiento de Juan de Mesa, que se celebrará entre finales de 2026 y comienzos de 2027, tal y como ha confirmado a Gente de Paz el hermano mayor de la corporación de San Agustín, Antonio Susin que ha explicado que se ha solicitado información al museo para conocer con exactitud de qué manera se produciría la estancia de esta joya en el recinto.

La propuesta, trasladada por la dirección del espacio museístico —dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía—, deberá ser valorada, una vez conocidos todos los detalles, por la corporación cordobesa en el marco de un cabildo extraordinario de hermanos, órgano que determinará finalmente la participación del conjunto en esta relevante cita cultural.

El Cabildo General Extraordinario se celebrará el próximo día 3 de junio de 2026, a las 21:00 horas en primera convocatoria y a las 21:15 horas en segunda, en el salón de actos de la Iglesia Conventual de San Agustín, sita en la calle Obispo López Criado nº 1.

Una obra clave en el contexto de la producción de Juan de Mesa

El grupo escultórico de Las Angustias está considerado como la última obra de Juan de Mesa, figura capital de la imaginería barroca andaluza y uno de los grandes referentes de la Semana Santa. Se trata de un conjunto de extraordinaria intensidad expresiva, en el que confluyen la fuerza dramática y el virtuosismo técnico que caracterizan al escultor.

Desde su incorporación al patrimonio devocional cordobés, la obra ha gozado de una notable proyección y arraigo popular, despertando una profunda devoción entre generaciones de fieles, lo que refuerza su relevancia dentro del discurso expositivo planteado.

Una iconografía de profundo contenido emocional y simbólico

La imagen de Nuestra Señora de las Angustias, concebida como talla completa aunque destinada a ser vestida, se presenta en actitud sedente, sosteniendo en su regazo el cuerpo sin vida de su Hijo. Su rostro, surcado por cinco lágrimas, expresa un dolor contenido de gran intensidad, en el que se combinan el dramatismo y una delicada belleza formal.

En su mano derecha sostiene una espina, en alusión a su reciente extracción de la ceja del Cristo, donde aún se aprecia la señal, mientras que con la izquierda sujeta la cabeza del Señor, configurando una escena de alto contenido devocional y simbólico.

El Cristo, de sobresaliente calidad anatómica, presenta una disposición en la que el brazo derecho cae hacia los pies de la Virgen, mientras el izquierdo se extiende de forma rígida hacia un lateral. Pese a que se han ensayado otras configuraciones —incluso en el ámbito procesional—, diversas fuentes iconográficas de los siglos XVII y XVIII evidencian que la disposición actual responde a la forma tradicional de veneración, motivo por el cual se ha mantenido inalterada.

Singularidades técnicas y debate historiográfico

Las imágenes que integran el conjunto fueron talladas por separado, circunstancia que ha suscitado diversas interpretaciones entre los especialistas. El Cristo responde plenamente a los parámetros estilísticos de Juan de Mesa, con un rostro que refleja con veracidad los efectos de una muerte violenta, captando el instante final con gran realismo.

El brazo izquierdo presenta una posición natural, mientras que el derecho muestra una disposición más forzada, lo que ha llevado a algunos expertos a plantear la posibilidad de que la imagen no fuera concebida inicialmente para esta postura o incluso para este conjunto, hipótesis que, no obstante, carece de confirmación documental.

La Virgen, por su parte, destaca por una extraordinaria calidad escultórica, con un rostro en el que se concentran múltiples matices del sufrimiento. El leve fruncimiento del ceño y el enrojecimiento facial refuerzan una expresión de dolor veraz, acentuada por las cinco lágrimas que aluden a la quinta angustia de María.

Intervenciones de conservación y estado actual

A lo largo de su historia, el conjunto ha sido objeto de dos intervenciones de restauración documentadas. La primera se llevó a cabo en 1976 por el profesor Peláez del Espino, motivada por el estado de conservación de la Virgen, que impidió ese año la salida procesional.

La segunda intervención tuvo lugar en 2010, a cargo del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), que ejecutó una restauración integral, incluyendo la limpieza de policromías, la recuperación de elementos perdidos y la sustitución de las lágrimas de la Virgen, devolviendo a la obra su integridad estética.

El ajuar de la Virgen como complemento patrimonial

El ajuar, exclusivo de la imagen mariana, incluye piezas de gran valor artístico, como la corona de plata cincelada por Rafael Peidró, bendecida en 1953 y utilizada en la Coronación Canónica de 1987.

Destacan igualmente el manto negro bordado en 1817 y reformado en 1958, habitual en la estación de penitencia del Jueves Santo, y el manto morado bordado en oro por las Adoratrices en 1976, reservado para ocasiones de carácter extraordinario.

Una decisión de relevancia para la proyección cultural de la obra

La invitación a participar en esta exposición sitúa a la hermandad ante una decisión de notable trascendencia, al implicar la posible salida temporal del conjunto de su ámbito cultual para integrarse en un proyecto expositivo de alcance internacional.

La resolución que adopte el cabildo extraordinario determinará si esta obra capital de la imaginería andaluza forma parte de la conmemoración del legado de Juan de Mesa, contribuyendo así a una lectura renovada de su producción artística en el marco de su cuarto centenario.