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Andalucía, Córdoba, Sevilla

Las Angustias y la Virgen del Valle, dos almas gemelas también para Navarro Arteaga

Cada Jueves Santo, Córdoba y Sevilla son testigos de la presencia en sus calles de dos de las imágenes que atesoran a su alrededor buena parte de la devoción más arraigada de la Semana Santa de Andalucía. Dos imágenes marianas a cuyo paso hasta el silencio enmudece mutando en fervor incalculable y fe pura e imperecedera. Dos representaciones de la Madre de Dios ante cuyas pupilas se evidencia una indiscutible similitud estética que permite aventurar un nexo común.

Un nexo común que muchas teorías relacionan con el nombre el inmortal genio cordobés Juan de Mesa. Una autoría más que evidente en el caso de la dolorosa de San Agustín y envuelta en un halo de presunción con un buen número de defensores cuando de la Virgen del Valle se trata. Si bien no existe documentación alguna que corrobore la certera paternidad artística de esta imagen Mariana y pese a que López Martínez apuntase que Juan de Remesal puedo gubiarla entre 1634 y 1636, el catedrático José Hernández Díaz, por aquel entonces presidente de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, atribuía la hechura de la dolorosa de la Anunciación al inmortal Juan de Mesa, recordando, como ocurriera con el Gran Poder, que muchas de las obras realizadas por el artista cordobés, fueron atribuidas en su momento a su maestro, Martínez Montañés.

Precisamente a esta teoría -no compartida por todas las opiniones, conviene subrayarlo- se ha sumado en las últimas horas el reconocido imaginero sevillano José Antonio Navarro Arteaga que no ha dudado en pronunciarse al respecto de manera contundente indicando: «Acabo de ver esta foto antigua de la Virgen del Valle, antes de su cambio al estado actual. Puedo decir con bastante grado de certeza, que su autoría es del insigne Maestro D. Juan de Mesa. Ahí lo dejo». Sea como fuere, ambas imágenes son dos de las dolorosas más expresivas de la Semana Santa andaluza, con un parecido más que evidente y una belleza y un desgarro que a un tiempo evidencia el dramatismo descarnado de la escena que protagonizan y por otro, convocan a la oración del devoto. Dos almas gemelas que cada Jueves Santo convierten a las ciudades de Córdoba y Sevilla en dos caras de la misma moneda, la del arte incomparable emanado de la gubia de Juan de Mesa.

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