Supervivencia y memoria
La entrada del ejército francés en Sevilla el 1 de febrero de 1810 marcó el inicio de uno de los periodos más traumáticos de su historia religiosa. Tras la capitulación de la ciudad en Torreblanca, las tropas del mariscal Soult ocuparon la capital andaluza, desencadenando un proceso de expropiaciones y saqueos que afectó de lleno al patrimonio eclesiástico. La ocupación, prolongada hasta 1813, supuso una grave amenaza para las cofradías, cuyas sedes, archivos y tesoros devocionales fueron víctimas del caos bélico y de la política de secularización del régimen imperial.
Despojo patrimonial y reubicación forzosa
Las hermandades establecidas en conventos sufrieron las consecuencias de una ocupación caracterizada por la exclaustración y el expolio. Uno de los casos más documentados fue la Hermandad de la Vera Cruz, que perdió su histórica sede en el convento Casa Grande de San Francisco, destruido por un incendio en noviembre de 1810. Esta pérdida no solo implicó la desaparición de una capilla con siglos de historia, sino también la dispersión de su archivo y el inicio de un proceso de reubicación que marcó la historia posterior de la corporación¹.
Otro episodio significativo fue el abandono forzoso del convento de la Merced por parte de la Hermandad de Pasión, que se trasladó a la iglesia de San Julián. La ocupación del edificio por las autoridades francesas y su posterior transformación en el actual Museo de Bellas Artes de Sevilla dejaron a la corporación sin sede durante varios años². En parecida situación se halló la Hermandad del Amor, desplazada desde el convento de la Orden Tercera a la parroquia de San Miguel. Aunque los datos son escasos, se tiene constancia de que este traslado supuso la pérdida de parte de sus bienes procesionales y documentación³.
Varias hermandades más sufrieron reubicaciones similares. Las que tenían sede en conventos afectados por la política francesa de ocupación militar o desamortización —como San Agustín o los carmelitas de la calle Baños— vieron interrumpido su funcionamiento regular. A la Hermandad del Santo Entierro, establecida en San Laureano, se le atribuye un posterior traslado a San Juan de la Palma en este contexto⁴.

Una Semana Santa interrumpida
La actividad cofrade quedó casi completamente paralizada durante los años de ocupación. No hay constancia de procesiones en 1810 y tan solo se registran las salidas de la Sagrada Entrada y la Quinta Angustia en 1811. En 1812 no procesionó ninguna corporación, reflejo de la desorganización, la inseguridad y las limitaciones impuestas por la presencia militar⁵. La recuperación de la Semana Santa comenzó en 1813, tras la retirada de las tropas napoleónicas, cuando la ciudad celebró el final de la ocupación con solemnidades religiosas y actos cívicos que contaron con la participación de distintas hermandades⁶.
En este contexto, la Hermandad de la Santísima Trinidad fue la única corporación documentada que realizó estación de penitencia durante dicho año, saliendo desde la iglesia de Santa Lucía con un cortejo compuesto por los pasos del Sagrado Decreto, cedido por la Hermandad del Silencio Blanco, y del Cristo de las Cinco Llagas, prestado por la Hermandad de los Panaderos¹. Aunque no se conservan evidencias de procesiones organizadas por otras hermandades, algunas corporaciones como el Silencio, la Macarena o la Exaltación habrían retomado por entonces sus cultos internos y actividades litúrgicas, marcando así el inicio de una lenta reactivación del tejido devocional sevillano².
Consecuencias para el patrimonio cofrade
Los efectos del periodo napoleónico sobre el mundo cofrade sevillano fueron profundos y documentados: la destrucción de archivos, la pérdida de imágenes, la ocupación de capillas y la desarticulación de la vida interna de las hermandades supusieron una crisis sin precedentes. Aunque no existen inventarios completos del expolio sufrido, los relatos documentales y los registros eclesiásticos del primer tercio del siglo XIX dan testimonio de la gravedad de los daños sufridos. Esta situación motivó la reconstitución progresiva de muchas corporaciones, que emprendieron una etapa de reconstrucción institucional en condiciones muy difíciles⁷.
Hechos legendarios y relatos no contrastados
La memoria cofrade ha conservado una serie de relatos que, si bien forman parte del imaginario popular, no pueden confirmarse mediante fuentes primarias. Uno de los más conocidos es el emparedamiento de la imagen del Señor del Silencio en la casa del marqués de la Rianzuela para evitar su profanación. Esta historia, transmitida oralmente, no está documentada en archivos de la hermandad ni en fuentes de la época, por lo que debe ser considerada una tradición posterior⁸.
Otro episodio frecuente en relatos devocionales es el saqueo y posterior hallazgo en Andújar del paso de plata del Señor del Silencio en 1814, que tampoco cuenta con respaldo documental, a pesar de su persistencia en la historiografía no académica⁹. Asimismo, se ha difundido la historia del asalto a la capilla del convento de San Basilio y la mutilación de imágenes de la Hermandad de la Lanzada, como la Virgen del Buen Fin o figuras secundarias destruidas por el fuego. Sin embargo, no existen actas notariales, eclesiásticas ni testimonios de época que confirmen esta información¹⁰.
Del mismo modo, la afirmación de que José I Bonaparte manifestó interés en presenciar las procesiones de Semana Santa y que presionó a ciertas hermandades para salir en 1810 ha sido reiterada en estudios divulgativos, pero carece de base en fuentes coetáneas francesas o españolas. No se han hallado decretos, correspondencia ni testimonios contemporáneos que prueben tal intento de instrumentalización política¹¹.
Estas leyendas, aunque no confirmadas, ilustran el clima de incertidumbre, miedo y resistencia religiosa que vivió la ciudad durante la ocupación. Su conservación en la memoria popular evidencia el arraigo de las hermandades en la identidad colectiva de Sevilla.
Notas
¹ Rodríguez Gordillo, M. (2005). La Casa Grande de San Francisco y la Hermandad de la Vera Cruz. Fundación de Historia Sevillana.
² Sánchez, A. (2008). La Hermandad de Pasión: Una crónica del saqueo. Sevilla: Ediciones Doce Robles.
³ Pérez, J. (2017). Historia de las hermandades sevillanas en el siglo XIX. Editorial Almuzara.
⁴ Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Sección Clero, legajo 2135.
⁵ Martín, E. (2002). La Semana Santa sevillana bajo la ocupación francesa. Editorial Universitaria.
⁶ Sánchez, C. (2014). La restauración de las hermandades tras la ocupación napoleónica. Cuadernos de Historia Contemporánea, 32(1), 45-61.
⁷ López, R. (2018). Fe y resistencia: El legado cultural de las cofradías sevillanas tras la invasión. Sevilla: Ediciones Renacimiento.
⁸ Romero, J. (2012). La Hermandad del Silencio y su resistencia durante la invasión. Cuadernos de Historia Local, 21(4), 234-257.
⁹ Ibid.
¹⁰ García, L. (2010). El iconoclasmo durante la invasión napoleónica. Revista Española de Historia Militar, 35(1), 67-83.
¹¹ López, V. (2016). José I Bonaparte y la Semana Santa sevillana. Ediciones Universidad de Sevilla.
Notas
¹ Hermandad de la Santísima Trinidad, Efemérides históricas, en https://hermandaddelatrinidad.es/efemerides; Roda Peña, José, “Aproximación documental a la Semana Santa sevillana del siglo XIX”, en Revista de Estudios Cofrades, n.º 5, Sevilla, 2003, pp. 115-118.
² Carrero Rodríguez, Juan, El libro de la Semana Santa de Sevilla, Sevilla, Tartessos, 1990, pp. 204-207; Villar Movellán, Alberto – Luque Teruel, Andrés, La imaginería procesional de la Semana Santa de Sevilla, Córdoba, Cajasur, 1995, pp. 92-95.





