Las escenas de la dura década de los 80 de la Hermandad de las Penas

Hace tan solo un par de días, Gente de Paz recuperaba para el presente las no pocas consecuencias que supuso para la clásica Hermandad de las Penas el dramático incendio ocasionado en la Parroquia de Santiago en el mes de diciembre del año 1979, destruyendo por completo el paso del Santísimo Cristo así como los respiraderos del nuevo paso de palio que la hermosa Virgen de los Desamparados y San Juan Evangelista acababan de estrenar justamente la Semana Santa Anterior.

Cierto es que dicho acontecimiento no se redujo a la considerable pérdida patrimonial, sino que también hubo de enfrentarse a los diversos daños que sufrieron tanto la dolorosa como el discípulo de Antonio Eslava que, aunque no resultaron ser de extrema gravedad, sí obligó a la pertinente restauración de ambas tallas, labor para la que la cofradía de Santiago puso su confianza en manos del imaginero sevillano Juan Ventura.

Teniendo en cuenta la fecha en la que la crítica situación se cernía sobre la Hermandad de las Penas, los miembros de esta se vieron forzados a hacer enormes esfuerzos si pretendían no interrumpir su tradicional estación de penitencia en la jornada del Domingo de Ramos, dificultad a la que se sumó la incuestionable necesidad de abandonar su sede, cuyo estado tras el mencionado incendio hacía esencial un extenso y minucioso proceso de restauración.

Así las cosas, la cofradía del Santísimo Cristo de las Penas emprendió su marcha hacia la vecina Parroquia de San Pedro, la cual se convertiría en su templo adoptivo hasta la llegada del 1985, fecha en la que también la imponente iglesia se cerraba al culto para iniciar unas reformas del todo imprescindibles. Sin embargo, la estancia de la cofradía de Santiago en la Basílica Menor de San Pedro, dejó para la memoria cofrade colectiva fotografías tan históricas como la que encabeza este artículo, en la que se muestra al antiquísimo titular cristífero de la corporación de Santiago luciendo unas potencias doradas, detalle destacable sin duda en una imagen a la que solo solemos ver con su habitual corona de espinas.

Tras el tiempo durante el que la Hermandad de las Penas se vio obligada a realizar su estación de penitencia portando al crucificado sobre unas parihuelas que habían sido cedidas por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de las Aguas de Sevilla, los múltiples sacrificios dieron al fin su fruto con el estreno del nuevo paso que se produciría en 1982. No obstante, las dificultades aún no habían acabado, puesto que tres años más tarde, tal y como recordábamos anteriormente, la monumental sede de la Hermandad de la Misericordia quedaba también clausurada, dejando nuevamente a la cofradía del Domingo de Ramos en una situación comprometida.

Dadas las circunstancias, la corporación debió trasladarse una vez más, encontrando asilo esta vez en la también próxima Ermita de Nuestra Señora del Socorro, que se convertiría en escenario de eventos e instantáneas como la que acompaña estas líneas y en la que llama la atención la proximidad de la Virgen de los Desamparados y San Juan Evangelita – ambos vestidos a la forma hebrea – con respecto al Santísimo Cristo de las Penas. Allí permanecerían las tres imágenes otros cinco años hasta que en octubre de 1990 volverían a desplazarse para pasar ya tan solo unos meses en la Iglesia del Carmen, pues la Parroquia de Santiago sería reabierta al culto finalmente durante la Cuaresma de 1991.

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