Las escenas más llamativas de las madrugadas de la Merced

Después de los meses de intensos y inagotables debates que, en gran medida, parecen haber quedado ya a nuestras espaldas, al menos de momento, es evidente que las miras de la comunidad cofrade cordobesa están puestas en la que será la novedad por excelencia: el célebre traslado de la Carrera Oficial al incomparable entorno de la Catedral. Si bien es verdad que ya en anteriores ocasiones hemos tenido la oportunidad de ir abriendo boca adelantándonos de algún modo a los futuros acontecimientos, también la lluvia que inauguró la pasada Semana Santa frustró la posibilidad de ver por primera vez a algunas de nuestras queridas imágenes en el interior del Patio de los Naranjos.

Las mismas inclemencias meteorológicas fueron las que impidieron volver a ver a la popular Hermandad de la Merced regresar al bello marco de la Catedral y al entramado de callejas de la Judería, evocando con ello las intensas madrugadas a las que la corporación del Zumbacón quiso sumarse en el año 1992 – previa solicitud a la Agrupación de Cofradías – con la noble intención de revitalizar una jornada ignorada por buena parte del pueblo cordobés así como de mantenerse fiel a sus primitivas reglas.

De aquellas inolvidables salidas procesionales, en las que la cofradía de la Merced trató de poner todo de su parte para estimular la madrugada del Viernes Santo junto a las hermandades del Nazareno y la Buena Muerte, han quedado fotografías tan hermosas como las que encabezan este artículo, en las que se muestran a Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas y a Santa María de la Merced recorriendo las espléndidas naves de la Catedral.

Por aquel momento, tanto la imagen del Señor como las del misterio que en su día realizase Pinto Berraquero, aún realizaban su estación de penitencia sobre el recordado paso en caoba, obra de Guzmán Bejarano – en ese entonces dirigido por quien ahora es el Hermano Mayor de la hermandad, Antonio Ruf – que fue finalmente sustituido por el actual para la Semana Santa de 1997.

Por su parte, el paso de palio que cobija a la expresiva dolorosa de Francisco Buiza, aparecía todavía con el interior de las características bambalinas aún sin bordar, pues los trabajos serían al fin concluidos por Antonio Villar ya en el año 2008, de acuerdo con el diseño del célebre Fray Ricardo de Córdoba. Cabe destacar asimismo la llamativa estética que rodeaba a la Virgen de la Merced, marcada por un profuso exorno floral y las singulares velas rizás, tan típicas de la década de los 90.

En una de esas madrugadas fue tomada también la instantánea que acompaña estas líneas, en la que el día parece comenzar a despuntar mientras la cofradía continuaba su recorrido por las calles cordobesas. Especialmente curioso resulta el detalle de la corona que lucía Santa María de la Merced durante la que posiblemente fuese la Semana Santa de 1994, pues esa pieza, lejos de formar parte de la riqueza patrimonial de la corporación del Zumbacón, pertenecía a la dulce Reina de los Ángeles de la Hermandad de la Sangre.

Este hecho, se debe indudablemente a otro de los hechos comentados en anteriores publicaciones de Gente de Paz, que no es otro que el pertinente traslado de los titulares de la Merced al Convento del Císter, el cual se hizo efectivo en la fecha del 2 de agosto de 1993 debido a las obras que debían llevarse a cabo en la Parroquia de San Antonio de Padua.

Cierto es que la cofradía del Lunes Santo hizo enormes esfuerzos durante aquel periodo, pues además de servir con su sacrificio como aliciente para que otras hermandades se decidiesen a incluir la Santa Iglesia Catedral en sus itinerarios, la Merced debía para ello iniciar su recorrido a la una menos cuarto de la madrugada, regresando a su templo una vez pasadas las doce del mediodía, tal y como demuestra la interesante fotografía que aquí compartimos.

Sin embargo, el poco apoyo que la hermandad afirmaba haber recibido a lo largo de sus madrugadas tanto por parte de los espectadores como por las instituciones implicadas así como la considerable reducción de hermanos en sus filas de nazarenos, hizo que el deseo de la Merced por dinamizar la Madrugá cordobesa se viese finalmente frustrado poniendo fin a esa tradición en el año 1998.

Así y todo, esos días han pasado a formar parte de la historia de la corporación mercedaria con el orgullo y la valentía de haber sido uno de los modelos que, como decíamos anteriormente motivaron a otras hermandades a hacer estación de penitencia en la Catedral, más aún cuando ese propósito significaba para sus miembros realizar un recorrido de más de doce horas en una noche que para muchos resultaba ser indiferente.

Fuente Fotográfica