La Semana Santa cordobesa, como todo, es tan solo uno más de los numerosos ámbitos en los que el paso del tiempo va dejando su marca. Una marca que nunca deja de condicionar tanto el presente como el futuro de las distintas corporaciones, a menudo en pro de la evolución y el progreso que culmina con el máximo esplendor, aunque para ello haya sido necesario tener que enfrentarse a la toma de decisiones dolorosas que, por supuesto, no entraban en los planes iniciales de las cofradías.
Esto fue lo que le ocurrió en su día a la Hermandad de la Vera Cruz cuando tras su fundación, en los primeros años de la década de los 80, sus miembros pusieron sus miras en la imagen de una Virgen bajo la advocación de los Dolores – cuya imagen encabeza este artículo – que entonces se encontraba en el Convento del Buen Pastor de las Madres Filipenses, actual sede de la Hermandad del Perdón y aún conocida popularmente como San Roque.
No sería hasta el año 1983 cuando la joven cofradía decide adoptar definitivamente el título de la Vera Cruz uniéndose en ese mismo momento con la Hermandad del Dulce Nombre viendo aprobados sus estatutos por el entonces obispo Infantes Florido. Precisamente con motivo de la redacción de dichas reglas, la hoy corporación de San José y Espíritu Santo comenzó a considerar la posibilidad de convertir a la Santísima Virgen en la titular mariana de la hermandad.
Sin embargo, los diversos obstáculos terminaron por convencer a los hermanos de la Vera Cruz de que la que fuera la Virgen de los Dolores nunca llegaría a ser de su propiedad, hecho que hizo pensar a la corporación que tal vez lo mejor sería encargar una nueva dolorosa a la mayor brevedad posible para evitar que el transcurso del tiempo hiciera que esa determinación fuese aún más complicada de tomar.
Así las cosas, aquel mismo año de 1983, concretamente en el mes de octubre, la cofradía del Lunes Santo firmaba con el imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque el contrato de su nueva y futura titular, cuyos únicos requerimientos eran que los ojos de la Virgen del Dulce Nombre fuesen de color azul, y que en su rostro se reflejase el de una joven de unos quince o dieciséis años de edad, dando como fruto a una hermosísima talla con la que aquella dolorosa de San Roque ya pasaba a formar parte de la historia de la Vera Cruz.

Doblemente curiosa puede resultar la foto que acompaña estas líneas, pues como muchos sabrán, ambos son los primitivos titulares de la Hermandad de la Cena, quienes aún aparecían en la que fuese su sede y cuna de no pocas cofradías: la popular Iglesia de la Trinidad.
En lo que a su titular cristífero se refiere, la querida corporación de poniente decidía en un primer momento encargar la imagen al imaginero de Puente Genil, Francisco Palos Chaparro, quien había hecho llegar previamente a la hermandad dibujos tanto de frente como de perfil y también de cuerpo completo. Como cabe suponer, el proyecto se terminaría aprobando y la talla labrada por el mencionado artista llegaría a la Hermandad de la Cena para ser al fin bendecida el 11 de abril de 1987, coincidiendo con el Sábado de Pasión en una ceremonia también oficiada por el obispo de la Diócesis, monseñor Infantes Florido.
No obstante, cinco años más tarde la cofradía acordó encargar a Miguel Ángel González Jurado una nueva talla del Señor, quien planteó a sus miembros la posibilidad de afrontar un proyecto que incluyese también a los apóstoles con el fin de recrear una escena más completa y de mayor dramatismo, idea que indudablemente fue más que bien acogida aunque eso supusiera aceptar como parte del pasado al Señor que tiempo atrás realizase Francisco Palos y que terminase por ser cedida el día 10 de febrero de 2002 a la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Santa Eufemia – donde la talla fue acogida con gran ilusión y entusiasmo – tras haber llegado a un acuerdo en Cabildo General de Hermanos de carácter Extraordinario.
Por su parte, la que en su día fuese la titular mariana de la Cena, igualmente bajo la advocación de María Santísima de la Esperanza del Valle, formó parte de la historia de la cofradía desde sus comienzos, pues si la fundación de esta se produjo en el año de 1983, constituyéndose canónicamente como cofradía sacramental en 1985, fue precisamente en este último momento cuando la corporación adquierió al fotógrafo sevillano conocido como “Fernand” la bella talla de la Santísima Virgen, dolorosa anónima fechada en el siglo XIX. Ese mismo año, en la fecha del 12 de mayo, la jovencísima hermandad veía bendecida a su titular a pesar de que no fue hasta el 18 de mayo de 1986 cuando le fue impuesta su corona.
La historia de la bellísima dolorosa está estrechamente ligada a la ardua su ardua búsqueda de sede canónica, momento en el que la corporación de Poniente decide replantearse el ofrecimiento del siempre recordado párroco de la Iglesia de San Juan y Todos los Santos, Antonio Gómez Aguilar. En su ánimo de ayudar en lo posible a la cofradía, el religioso tomó la determinación de cederles la antigua capilla bautismal después de haber visto, por primera vez, la conmovedora imagen de Nuestra Señora de la Esperanza del Valle en el escaparate de una desaparecida tienda de tejidos denominada Vellum, S.A, ubicada junto a la tradicional farmacia “El Globo” entre las céntricas calles Alfonso XIII y Diego León.
Los diversos estudios realizados en la búsqueda de datos acerca de los orígenes de la imagen dieron como fruto las múltiples teorías que apuntaban a la teoría de que María Santísima de la Esperanza del Valle hubiese sido realizada bien por el ilustre imaginero malagueño Juan de Astorga Moyano bien por alguno de los miembros de su taller. Esos mismos estudios concluyeron asimismo que suponía una gran dificultad tanto concretar la fecha de su ejecución como realizar con precisión un análisis estilístico de la Virgen teniendo en cuenta el desconocimiento en lo relativo al estado de la efigie antes su restauración por Juan Ventura en torno al año 1983.
No obstante, a pesar del indiscutible valor artístico de dicha imagen, en la que tantos han visto de forma clara la gubia del anteriormente mencionado escultor, de su indiscutible belleza y de su presencia en los difíciles primeros pasos, el año 2001 trajo consigo unos aires de renovación a la Hermandad de la Cena que pasaban por la sustitución de la antigua titular por la actual del consagrado artista cordobés, la cual sería bendecida en la significativa fecha del 18 de diciembre de ese mismo año, abriéndose camino en una corporación cuyos miembros la recibían con la ilusión que cabe esperar de un hecho de estas características.
Así, la primitiva y por algunos extrañada Esperanza del Valle se desvinculaba al fin de la historia de la hermandad que un día la acogió con los brazos abiertos para encontrar también en el pueblo de Santa Eufemia su nuevo destino – donde algunos testimonios aseguran que la Santísima Virgen que pudiera realizar Juan Astorga se encuentra en la Parroquia de la Encarnación – dejando una huella imborrable en la cofradía del Jueves Santo y sembrando en muchos la duda de si no será este uno de esos ejemplos en los que se deja pasar la oportunidad de conservar entre nosotros una gran joya de la imaginería.





