El siglo XIX comenzó para la hermandad de Las Siete Palabras con una serie de cambios que la llevarían a experimentar una refundación a mediados de la citada centuria. Si a principios del siglo decimonónico la corporación acordó la realización de una novena en honor del Sagrado Corazón de Jesús y celebrando elecciones a mediados de la década, la actividad decaería hasta la aparición de Bermejo, quien impulsó la cofradía y detalla en su obra más conocida los datos relativos a la hermandad.
Este decidió, junto con otros cofrades, tras la investigación y lectura de las antiguas reglas, restituir la corporación, hecho que sucedió en 1858. Para entonces, las imágenes se encontraban en San Vicente, adonde habían llegado en 1845, tras el hundimiento del templo del convento Casa Grande del Carmen. Tras este traslado, los hermanos se prepararon durante los meses previos para efectuar la estación de penitencia la Semana Santa de 1864. Para ello utilizaron el antiguo crucificado, de papelón, y encargaron la ejecución de una imagen de San Juan Evangelista, que realizó José Sánchez. En lo que respecta a la dolorosa, Carrero recoge que se trató de la Virgen de los Dolores, hoy titular mariana de la hermandad de Las Penas, de la que por entonces se encargaba la sacramental. Por su parte, la hermandad de la Trinidad cedió la imagen de la Magdalena.
Habían pasado ya cinco años desde que en 1860 se celebrase el primer quinario en honor a Cristo, y la salida procesional de 1864 venía a ser la culminación de que Las Siete Palabras se asentaba tras su reorganización. Al año siguiente, Las Siete Palabras sacaría paso propio, obra de Joaquín Díaz. Sobre la reciente adquisición, nuevas imágenes. La Virgen de los Remedios, María Cleofás y María Salomé, obras de Manuel Gutiérrez Reyes Cano. En 1866 llegaría, obra también del mismo escultor, la imagen de María Magdalena.
Precisamente en este año se celebra un cabildo en el que se acordó el cambio de hábito de los nazarenos, que hasta entonces había sido de cola, de color negro. La junta de gobierno apostó por recuperar las características de la túnica de la antigua hermandad de 1595. Esto es, de color blanco y encarnadas. Un hermano presentó la túnica de cola con capirote en color blanco y escapulario de color grosella. El antifaz sería corto, con el anagrama de JHS encarnado en el mismo. La otra alternativa apostaba por túnica blanca de cola y antifaz encarnado. Finalmente, la primera de las propuestas se alzó como la elegida, con 25 votos frente a 19. Un año después, se impulsa la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, al agregarse al Apostolado de la Adoración, en Francia.
En 1868 se produce la última salida desde el convento de la Casa Grande del Carmen, donde la corporación del Miércoles Santo tenía capilla propia. En aquel año, según recoge Jiménez Sampedro, comienza a bordarse el manto de la Virgen de los Remedios por Celestino Rodés. En septiembre del mismo año estalla la revolución conocida como “La Gloriosa”, dando comienzo a una de las etapas más convulsas de nuestra historia reciente. La junta revolucionaria se adueña del cenobio y Las Siete Palabras llega hasta San Vicente. Bermejo, que llegó a ser hermano mayor de la hermandad, recoge en “Glorias religiosas de Sevilla” cómo el día 2 de noviembre reciben una carta por parte de la junta donde se le indica que todo lo que esté a la medianoche en el convento será destruido. Ante esto, los hermanos iniciaron el traslado, llegando las imágenes a un templo que no era desconocido, colocándolas en una capilla que antaño fue dedicada a San Hermenegildo.
A pesar del cambio de sede, la hermandad continúa adelante. En 1869 realiza su estación de penitencia hasta el templo metropolitano, en la tarde del 24 de marzo. La salida se produciría en años siguientes, lo que da idea del asentamiento en su nueva sede. En 1872 se estrenarían los ropajes de las Marías, obra de las hermanas Antúnez, y al año siguiente, del mismo taller, saldría el mantolín de San Juan. Con la llegada de la república se decidía no realizar estación de penitencia, pero el Lunes Santo de aquel año se optó por salir, de manera extraordinaria, en la tarde del Viernes Santo, siendo una de las tres cofradías que salió. En esta ocasión el estreno fue la cruz de guía, obra de Gutiérrez Reyes y Cano.
En su nueva sede, la cofradía se completaría hasta llegar los tres pasos que hoy conocemos. Al Calvario se sumaría en 1958 el palio de la Virgen de la Cabeza, añadiéndose en 1977 el paso del Nazareno de la Divina Misericordia, imagen que procedía de la sacramental, con la que se fusionaría. Una hermandad renovada que hoy, 150 años después, sigue manteniendo la esencia de siglos pasados, fundidos en la noche del Miércoles Santo en un paso que nos ofrece el Calvario más auténtico de la Semana Santa de Sevilla.






