El retorno del culto externo y público es un debate que está comenzando a materializarse en el orbe cofrade, aunque en unos sitios más que en otros. Un debate que, quizá, y asumo mi parte de responsabilidad, hemos tardado demasiado tiempo en sacar a la palestra, viendo el ritmo con el que otros sectores han ido recuperando la normalidad.
Si pensamos en la vida de cualquier pueblo o ciudad de nuestra geografía, fácilmente podemos encontrar ejemplos que nos rechinan, desde partidos de distintos deportes, corridas de toros, conciertos, ocio nocturno y bares, transporte público, ferias, etapas de la vuelta ciclista, carreras de caballos… De todo, menos hermandades por las calles. Sin embargo, no es el objeto del presente texto ahondar más en ese tema, ya que ha sido suficientemente tratado en otros artículos.
Si bien a la Hermandad de la Estrella de Sevilla capital se la conoce como «La Valiente» por su salida procesional en la Semana Santa de 1932, en un ambiente prácticamente bélico previo a la Guerra Civil española, año en el cual ninguna salida procesional tuvo lugar en la ciudad de la Giralda, excepto la mencionada de la corporación trianera el Jueves Santo. Una salida procesional que estuvo marcada por diversos incidentes, entre los cuales sobresale el ataque de un pistolero que realizó dos disparos al paso de palio sin conseguir acertar ninguno. Todo ello, conllevó a la Cofradía de San Jacinto a obtener ese título popular de ser la hermandad que tuvo la valentía de, pese a todos los pesares, salir a la calle.
Un título que bien podría tener su homólogo casi un siglo después, aunque esta vez por un motivo distinto y que, además, quedaría lejos de la capital andaluza para venir a recalar en otra ciudad con una inmensa tradición cofrade: Jerez de la Frontera.
Y es que la ciudad gaditana, y especialmente sus cofradías, bajo el amparo del recién estrenado Obispo de Asidonia-Jerez, José Rico Pavés, han sido las primeras, y con mucha diferencia, en volver a salir a la calle a dar protestación pública de fe, recuperando, de este modo, lo que jamás debimos perder, al menos durante tanto tiempo: el culto público.
Hasta la fecha, se ha producido la salida procesional de la Virgen del Carmen el mes de julio, la salida extraordinaria de la Hermandad de la Candelaria, los traslados de hermandades como el Amor, la Defensión, la Entrada Triunfal, Santa Marta o la Divina Pastora, así como otros que están en proceso, como el de Pasión, o la salida procesional de la Merced.
Y, lo que es más importante, con un cumplimiento más que escrupuloso de las recomendaciones sanitarias establecidas. En el caso del acontecimiento que quizá más público arrastró, el de la extraordinaria de la Candelaria, resultaba digno de ejemplo comprobar cómo el público asistente portaba en todo momento las mascarillas, y además de forma correcta, respetándose además las normas de distanciamiento social entre los cargadores y los miembros del cortejo. Algo que se ha venido repitiendo también en las otras salidas procesionales y traslados.
Otra prueba de fuego será la salida extraordinaria de la Hermandad de la Soledad de Arcos de la Frontera, prevista para el 11 de septiembre, en la que, si todo sigue el curso normal, la imagen mariana saldrá portada por costaleros, que tendrán la pauta de vacunación completa y serán sometidos a un test el día de la salida para garantizar, así, el ínfimo riesgo de contagio. No conviene dejar de destacar la excelente organización de la hermandad arcense pese a la dificultad de las circunstancias, hecho que pone más valor si cabe a la voluntad y valentía puestas en juego. Una semana después, el sábado 18, la Hermandad de la Vera-Cruz del propio municipio arcense celebrará otra salida procesional extraordinaria debido al 475 aniversario fundacional y la imposición de la medalla de la ciudad para el crucificado. Vendrán a ser buena vara de medir que puede dar ideas de cara a la organización de la próxima Semana Santa, que, salvo giro desastroso de los acontecimientos, no sería de recibo vivir como las dos anteriores.
Todo ello viene a dejar en evidencia al resto de hermandades, agrupaciones o consejos de cofradías y, especialmente, a las diócesis de nuestra geografía, que por fas o por nefas, están sobrepasando la línea de la prudencia en detrimento de la dejadez. También a las hermandades de lugares que históricamente han sido modelos a seguir en cuanto a lo cofrade, como Sevilla, que permanecen incomprensiblemente aletargadas, a verlas venir hasta no se sabe cuándo cómo ni dónde. Totalmente bloqueadas y obnubiladas en una nostalgia que, por muy bella que les parezca, por sí sola no va a devolver las cofradías a la calle. Como en tantas otras cosas relacionadas con las hermandades, otras ciudades están adelantando por la derecha sin contemplación.
La excusa del riesgo sanitario es cada vez menos admisible conforme avanza el ritmo de una vacunación que parece ser efectiva, al menos en lo que a la gravedad de la enfermedad se refiere, así como en la medida que se está demostrando, gracias a Jerez y Arcos, que el retorno del culto público es posible y, además, los cofrades son capaces de ser también prudentes en la recuperación de algo que, por derecho, es suyo. Por no volver a incidir en que estamos viendo estampas de práctica normalidad que implican aglomeración de personas en las calles para otros eventos.
Nadie puede exigir ni reclamar que volvamos a estar como cuando se nos paró el reloj allá por marzo de 2020. Si algo hemos demostrado los cofrades es ser más responsables que nadie y saber adaptarnos a las circunstancias. Pero, a tenor de lo que estamos viendo en el resto de la sociedad, no es de recibo que haya quien aproveche la tesitura para alargar el retorno de los cofrades a las calles lo más que se pueda, o en su defecto, hasta nunca, que es lo que parece que pretenden algunos.
Jerez, y también Arcos, serán recordadas, pase lo que pase, como los enclaves en los que las hermandades fueron «las Valientes» en la época de la pandemia, erigiéndose en abanderadas de la recuperación de lo que a los cofrades les pertenece, su derecho a la libertad de culto -también del externo-. Que a nadie se le olvide que en esta época oscura, todas las demás cofradías, presumiblemente, seguirán la estela marcada por ambas ciudades, espero que más pronto que tarde.





