El Rincón de la Memoria, Portada, Sevilla

Las Vírgenes de los Reyes de San Clemente y San Ildefonso y la Virgen de las Aguas del Salvador, tres imágenes bajo la influencia de Nuestra Señora de los Reyes

Las imágenes fueron concebidas teniendo como referencia la impronta de la patrona de la ciudad

La Patrona de Sevilla y su Archidiócesis fue realizada según expertos durante la primera mitad del siglo XIII. Envuelta en multitud de leyendas sobre su origen, algunas de las cuales han pervivido hasta el día de hoy, su influencia es notoria en otras efigies de la capital. Una de ellas refiere el sueño que San Fernando tuvo en el que se le aparecía la Señora con el Divino Infante. El monarca buscó que aquella aparición no quedara en el olvido, afanándose en que la imagen fuera reflejada en la escultura, quedando para la posteridad. Hasta tres imágenes según la leyenda pasaron ante sus ojos, no pareciéndole a la que lo visitó cuando estaba en el campamento de Tablada, antes de la conquista de la ciudad. Tomando como base la tradición, estas tres imágenes fueron la Virgen de los Reyes del monasterio de San Clemente, la efigie de Nuestra Señora de los Reyes de la iglesia de San Ildefonso y la Virgen de las Aguas del céntrico templo del Salvador.

Virgen de los Reyes, del monasterio de San Clemente

La leyenda parece emerger tan solo de la imaginación del hombre si nos atemos a la cronología de las imágenes. La patrona de la ciudad, de la primera mitad del siglo XIII dista de la que se conserva en el monasterio de San Clemente, situándose su hechura en el último tercio de la centuria. Así lo atestigua la cabeza y las manos de la imagen mariana, mientras que el Niño Jesús es de época barroca. El parecido es incuestionable, aunque sería mayor si durante el Barroco no se le hubieran colocado los ojos de cristal, perdiendo con ello rasgos fisonómicos propios del Gótico. Cada imagen en sí contiene a su vez otras leyendas y la que se conserva en el cenobio sería un regalo del propio rey Fernando a la comunidad. Se halla ubicada en la nave del Evangelio, siendo la única de las tres imágenes que recibe culto en el interior de un convento, cuyas hermanas se encargan de vestir a la Madre del Verbo Encarnado, Trono del Nuevo Salomón. Escoltada en su retablo por esculturas de San Francisco de Asís y San Bernardo, en el ático se halla un relieve de Dios Padre. El 23 de noviembre de 1248, festividad de San Clemente, Fernando III entre en la ciudad. En conmemoración a este hecho se funda el Real monasterio de San Clemente, regentado por la Orden del Císter. La primera noticia que recoge que el monasterio estaba formado por una comunidad religiosa al frente de la cual se encontraba una abadesa data de 1284, un año decisivo para la historia de la congregación ya que el 10 de enero Alfonso X pone bajo su protección y amparo al monasterio, refiriendo que lo hacía a petición del obispo don Remondo.

Más alterada se encuentra Nuestra Señora de los Reyes de la Iglesia de San Ildefonso. Tanto que se dificulta mayormente la ubicación de su hechura en una cronología más precisa. El rostro y las manos recuerdan a las imágenes del primer tercio del siglo XVI, y entre las modificaciones existentes una efectuada en época barroca, con la inclusión de ojos de cristal, lo que le otorgó nueva impronta. En el Barroco se sitúa la ejecución del Niño Jesús. Perteneciente a la hermandad de los Sastres, la historia de la corporación refiere su relación con la Corona.

Virgen de Reyes de San Ildefonso

En sus orígenes la hermandad tuvo su primitivo asentamiento en el desaparecido hospital de San Mateo. Su antigüedad le ha llevado a participar en numerosos acontecimientos trascendentales para la ciudad, como la canonización de San Fernando o las fiestas de la Inmaculada Concepción. Tras la supresión del hospital en 1587 llega a San Nicolás. Unas décadas más tarde, en 1615 se traslada al convento casa grande de San Francisco. Más de doscientos años en el antiguo cenobio en cuya ubicación actualmente se erige el monumento de San Fernando. En 1840 tras la supresión del convento llega a San Ildefonso, donde se mantiene en la actualidad. De las tres efigies de Nuestra Señora es la única que es titular de una corporación, lo que le confiere mayor devoción que las anteriores, cuyo culto se mantiene gracias a los hermanos que en su origen fueron sastres, conocidos también como alfayates. Su recuerdo queda impreso en el llamador del paso de tumbilla, donde la inclusión de unas tijeras recuerda el oficio sartorial.

Virgen de las Aguas, de la Iglesia del Salvador

Junto con la imagen de la Virgen de las Aguas del Salvador formarían el llamado ciclo fernandino. Esta última, que difiere de las anteriores en su advocación, contó con una importante presencia entre los sevillanos, quienes le profesaron durante siglos una gran devoción, que fue diluyéndose con el paso del tiempo. Fechada en el siglo XIII el Niño Jesús sería el más antiguo de las tres imágenes de vestir, pero como se observa en su cabeza, con algunas reformas que dificultan su datación con mayor exactitud. También contiene su propia leyenda, en este caso relativa a su advocación. El rey Fernando mandaría tallar una escultura de María con su Hijo gracias a la intervención de esta en una época de pertinaz sequía para los campos sevillanos. La ciudad miró a ella en numerosas ocasiones, con una importante presencia en el calendario de las rogativas, en su mayoría para pedir por el regreso de las lluvias, cuya ausencia amenazaba las cosechas propiciando la aparición del hambre y alentando el auge de enfermedades. El ingente patrimonio que conserva bien refiere la importancia que tuvo la hermandad, como el simpecado, realizado por Julián de Paradela y Lopo en 1761 y que fue donado a la corporación sacramental del Salvador por uno de sus cofrades, Antonio Naranjo, en 1883.

En sus inicios presidió el pregón de las glorias cuando este se pronunciaba en la Iglesia del Salvador, desde 1968 hasta 1976. Al año siguiente se haría en el patio de los Naranjos del mencionado templo. En 1978 lo presidiría la Reina de Todos los Santos en Omnium Sanctorum, en 1979 Nuestra Señora del Consejo, en la capilla del Consejo de hermandades y cofradías, y tras regresar por otro periodo al Salvador ya lo harían otras imágenes como la Virgen del Voto en 1980, Salud de San Isidoro en 1981 o la Virgen de los Reyes de los Sastres en 1982. El 14 de mayo de 1972 protagoniza un hito en la historia de las cofradías hispalenses: se convierte en la primera imagen en ser sacada por una cuadrilla de jóvenes voluntarios. Fugazmente la Virgen de las Aguas y San Fernando volvieron a encontrarse entre 2007 y 2009. La imagen volvía a abandonar en primavera el rico camarín donde aguarda y recorría las calles junto al rey santo. La mañana de su festividad se abría la urna y la jornada concluía con la escultura tallada por Pedro Roldán que vemos en la mañana del Corpus y la Virgen de las Aguas sobre el paso de Nuestra Señora de los Reyes, sin el palio, portando ajuar de la patrona, en un breve periodo donde el esfuerzo de la asociación de fieles fue fundamental. Desde entonces permanece en el Salvador. La víspera del Corpus se asoma a través del ventanal de la cuesta del Rosario a la ciudad y comprueba cómo los sevillanos viven sus más arraigadas tradiciones. Una vez el Santísimo Sacramento pasa ante ella, vuelve de nuevo su mirada hacia el templo, aquel del que durante siglos fue su más acendrada devoción. 

La Virgen de las Aguas del Salvador en las vísperas de pasado Corpus Christi