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El viejo costal, Opinión

Lo importante viene al tercer día, Día de difuntos…

Cuando las hojas de los árboles se tiñen de dorado, y vemos llegar el tiempo de las castañas, es cuando está cercano el día de difuntos, o correctamente dicho Conmemoración a los Fieles Difuntos, el día 2 de noviembre.

Precedido por el día 1, fiesta de Todos los Santos. El día de los Difuntos se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al morir cargaban con algunos pecados veniales, no limpiados no pueden alcanzar la Visión Beatífica.

Para ayudarles es una de nuestras más antiguas tradiciones el acercarse a los cementerios y ayudar a las almas de los difuntos con nuestras oraciones, algo de luz y flores, todas dedicadas a familiares, amigos, o a cualquiera que ya no está con nosotros.

Fechas de castañas, o de nueces, de almendras recién recolectadas, acompañadas de miel, tradiciones nuestras que se están perdiendo, cambiando, ahora las almas que vagan en el purgatorio están en nuestras calles, circulan vestidos con fantasmales disfraces, tremendas heridas simuladas, e intentando a toda costa asustarte o hacer un incompresible trato.

Halloween lo llaman, fiesta popular importada, pero que no debe de sustituir la nuestra, su nombre señala que es la Noche de Víspera de Difuntos, fiesta que se celebra el 31 de octubre.
Esta antigua fiesta está vinculada al final del año de los Celtas, llamado Samhain, totalmente secular y distante de la fiesta verdaderamente religiosa.

Pero no debemos de olvidar la similitud de esta fiesta con las costumbre de algunas de nuestras regiones, en Asturias los niños ya en el siglo XVIII pedían comida en las puertas de las casas, llevando con ellos lámparas de aceite o de velas para alumbrar el camino, o en las cercanías de Madrid, algunos de sus pueblos las casas de sus vecinos se adornaban con calabazas, si, con boca y ojos y alumbrando las calles con estas luminarias y alguna que otra candela, en fin ya ven que no son tan distintas todas las celebraciones relacionadas con nuestros difuntos.

No debemos de luchar contra este tipo de celebraciones, todas similares, antiguas y con el mismo fundamento, lo que debemos de fomentar es la costumbre culinarias de las nuestras, gachas, castañas, buñuelos, rosquillas o roscos, dejen que los pequeños celebren el día de vísperas, el Halloween, y enséñelos a rezar por las almas de los familiares difuntos, complementen las fiestas seculares con las religiosas, amplíen su campo de visión, y abran su mente, pero eso sí, nunca, nunca se olviden de la necesidad de nuestros difuntos de una luz que les guíe en la oscuridad y una oración que limpie sus almas de veniales manchas.

Truco o trato, los días siguientes con algo de oración, y como no, acompañado de alguna vianda extraordinariamente clásica.

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