Lorenzo de Juan comenzó su andadura como capataz en el lejano 1978, que se dice pronto, guiando a la Virgen del Socorro, tras una dilatada experiencia bajo las trabajaderas del Sepulcro, la Reina de los Mártires y la Paz y Esperanza con Rafael Muñoz, de la Buena Muerte con Ignacio Torronteras o de la Candelaria con Rafael Sáez donde aprendió a ser los pies de Dios y de su Madre de los mejores maestros posibles.
En continuo aprendizaje, fue alimentando su sabiduría bebiendo de las fuentes del saber de hombres como ellos a quienes siempre consideró sus maestros. Capataz de cuadrillas inolvidables como las de la Sentencia, la Reina de los Ángeles, la Entrada Triunfal, la Virgen de la Victoria o la de las Lágrimas y hasta hace unos meses de la Reina de los Mártires, cuando fue elegido por la corporación de la Madrugá para hacerse cargo del martillo del Cristo de la Buena Muerte.
Hoy, transcurridas cuatro décadas del comienzo de esta impresionante andadura, Lorenzo de Juan se ha convertido en una figura mítica para los hombres de abajo, y se cuentan por cientos aquellos que de un modo u otro, forman parte de su herencia imperecedera, la que trasciende al inexorable paso del tiempo, y permanecerá para siempre inscrita con letras de oro en la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade.
– ¿Qué es para usted salir con su hermandad?
El cumplimiento que adquirí el día que me hice hermano de mi hermandad. Además de mis derechos, tengo mis obligaciones y una de estas obligaciones es hacer estación de penitencia cada Madrugá con ella. Es un orgullo grande poder acompañar a mi Cristo y a mi Virgen.
– ¿Se siente un privilegiado?
No, no me siento un privilegiado. Me siento un servidor más de mi hermandad como muchas otras personas.
«Debemos dejar nuestro «yo» en casa y pensar sólo en el nombre de la hermandad y de la Semana Santa, que es la que debe perdurar en el tiempo»
– ¿Se asentará la Carrera Oficial definitivamente?
Pienso que sí. La Carrera Oficial se va a asentar definitivamente en la Santa Iglesia Catedral que es el principio y fin de la salida de cualquier cofradía de España, por ser el primer templo de la ciudad. ¿Qué tiene problemas? Por supuesto. Pero que entre unos y otros, sentándose y negociando se puede consolidar perfectamente y subsanar todos los problemas y defectos que se le ven.
– ¿Qué desea de esta Semana Santa?
Espero, prioritariamente, que nuestras hermandades obtengan todos los beneficios espirituales que se propongan dando testimonio público de la Fe en Cristo. Espero la autenticidad de todas y cada una de las hermandades. Que no faltemos nunca a nuestro sentido cristiano, dejando a un lado lo secundario y los protagonismos pueriles e inútiles. Protagonistas son Cristo y su Madre. Nosotros, a dar testimonio de fe.
«Hoy en día la crítica no la acepta nadie. Y debemos volver a hacernos más humildes»
– ¿Cómo vive el día de la salida procesional con su hermandad?
Con tranquilidad e ilusión. Que sirva para que conmueva al espectador y lo acerque a Dios. Y que la hermandad sea ejemplo
– ¿Ve poca devoción o demasiada algarabía?
Devoción hay. Tal vez debería aumentar la misma, con la formación continuada. Algarabía no hay tanta como se dice por ahí.
– ¿Se cuida adecuadamente al nazareno?
A nuestros nazarenos creo que no se les cuida todavía lo suficiente. Las cofradías deben andar más. Ellos son los auténticos compañeros de Cristo, portadores del cirio, que es la luz de nuestra fe.
«Estamos de paso y tenemos la obligación de dejar una mejor hermandad»
– ¿Se cuida a las bandas de la ciudad?
Creo que las bandas cordobesas dan un nivel alto., pero todavía no tocan todos los días en nuestra ciudad. Su nivel es más que aceptable y se hacen acreedoras a tocar todos los días aquí, pero parece que no es igual el parecer de los responsables de nuestras hermandades y cofradías. Y los poderes públicos pocos, debían facilitarles un local o locales para ensayar y no tener que hacerlo a la intemperie.
– ¿Cree que habrá suficiente autocrítica para asumir y solucionar los errores para mejorar en el futuro?
Hoy en día el sentido de la autocrítica y menos la crítica no la acepta nadie. Y debemos volver a hacernos más humildes, analizar críticamente los problemas y errores y sentarnos con los nos critican, para saber exactamente si tienen razón y debemos rectificar, por el bien de nuestras hermandades. Debemos dejar nuestro «yo» en casa y pensar sólo en el nombre de la hermandad y de la Semana Santa, que es la que debe perdurar en el tiempo. Nosotros estamos de paso y tenemos la obligación de dejar una mejor hermandad que siga sirviendo al mayor número de cristianos.





