A pulso aliviao, Opinión

Los ángeles de las marismas

«Las nubes fueron las alas,

el sol espiga y romero.

Y estrellas fueron las andas,

bancos donde las almas

te bajaron desde el cielo”

Esto versos del Himno de la Coronación de Nuestra Señora del Rocío expresan la devoción, en esfuerzo y el amor de los romeros por su Blanca Paloma.

Es sin lugar a dudas la cara visible y conocida de una romería que acoge a miles de personas en torno a la Imagen de la Virgen y el Niño, pero detrás de ese camino arduo por las arenas, la multitudinaria misa de romeros del Domingo de Pentecostés o el salto a la reja para iniciar la procesión en la noche más bella que se recuerde, hay otro Rocío.

Hablo de esa peregrinación callada, discreta y completamente magistral que llevan a cabo las personas que cuidan de los romeros, de los caballos y bueyes, de la eliminación de obstáculos en el camino, de la hidratación en los días de calor, del tráfico… De todo lo que hace falta en unos días tan especial con la marea humana que conquista la aldea en estas jornadas.

Porque mientras las carretas atraviesan el ajolí y se bautizan a los nuevos romeros en el Quema, serán esos ángeles de uniforme los que, por mar, tierra y aire se desvelen para que todos salga perfecto y la única preocupación sea rendir pleitesía a la Divina Pastora.

Y es que tras el Rocío de cantes, bailes y plegarias, se esconde un colosal dispositivo de Policía Nacional y Local, bomberos, Guardia Civil, Emergencias o personal sanitario que se estregan en cuerpo y alma con cada detalle para que todo sea como debe ser, para que la única protagonista sea única y exclusivamente Ella.

Por eso más que al romero, al enfermo, al niño recién nacido o a esos rocieros que pueblan el firmamento, yo dedico esta romería del reencuentro a todos los que hacen posible que el Rocío luzca como siempre y como nunca en este tiempo sin tiempo que se mide por los sones del tamboril. ¡Va por ellos!