Octubre de 2025 está llamado a convertirse en un mes inolvidable para las cofradías de Córdoba capital y su provincia. Ello, debido a la celebración de la procesión magna, que se llevará a cabo con motivo del 600 aniversario de la restauración, del Vía Crucis de occidente, por San Álvaro.
Con la mirada puesta en este acontecimiento histórico, la Hermandad del Cristo de la Expiración de La Rambla acaba de informar, que la Junta General Extraordinaria de Hermanos ha aceptado por unanimidad la participación del Santísimo Cristo de la Expiración en el Vía Crucis Magno de Córdoba así como en la correspondiente exposición en la Santa Iglesia Catedral que se prolongará hasta el 19 de octubre.
Esta será la cuarta vez que el Cristo de la Expiración este en la capital cordobesa, tras sus presencia en 1986 en la Diputación Provincial, en 1994 en la Santa Iglesia Catedral y en 2002 en la Fundación Cajasur.
Una pieza destacada de la imaginería andaluza
El Cristo de la Expiración de la Rambla, titular de la Hermandad de la misma advocación, procede originariamente de una capilla funeraria que existía en la iglesia del convento de los Trinitarios, desde donde se trasladó a su emplazamiento actual en la iglesia de la Asunción. Es una pieza destacada de la imaginería andaluza que algunos historiadores han atribuido a Juan de Mesa o a su círculo; otros, a Martínez Montañés, Gaspar Núñez Delgado o Alonso de Mena.
Representa un Crucificado en el trance de la expiración, aunque carece del patetismo de otras tallas barrocas de la misma iconografía. La imagen no fue concebida para procesionar, de ahí que no poseyera anclaje en la espalda, como es habitual en los crucificados procesionales. La encarnación está tratada por igual en toda la escultura; sin embargo, la parte posterior del paño de pureza no está tan acabada como la frontal.
La imagen ha sufrido dos importantes restauraciones con anterioridad. Posiblemente fue en el siglo XIX cuando se actuó en el paño de pureza y en las piernas, encolando, reforzando las piezas con clavos y estucando, y cuando se aplicó cola animal a la cara con el fin de refrescar la encarnación. En 1958 fue restaurada por los imagineros sevillanos Adolfo Castillo y José Pérez.
En este momento se encolaron los brazos al tronco y se cosieron con puntillas, se repararon los ensambles de la pierna izquierda, se resanaron las grietas, se confeccionó una nueva corona de espinas a partir de los restos de la antigua, se pegaron los dedos rotos y se repusieron los que faltaban, se resanó un pequeño ataque de bacterias, se introdujo una chirlata en el ensamble de la tapa de la espalda para evitar desniveles y se repintaron lagunas, sobrepasando los límites y ocultando el original.
Al margen de estas dos ha habido otras actuaciones puntuales; la más desafortunada fue la amputación de la corona de espinas para colocar unas potencias a principios del siglo XX.





