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El Respiradero, 💙 Opinión

Los niños que devuelven la Semana Santa

La tenemos aquí pero no la sentimos. Nos hace falta tu olor azahar y jazmín, el celeste de tu cielo, el sonido de tus marchas, la luz de la gastada candelería. La Semana Santa se está pasando lenta y dejándonos cada día vacíos en el alma. Te vivimos del recuerdo. Deseosos de poder sentir lo que nos regalas cada tarde de primavera que te presentas como un amor adolescente para hacer del momento algo inolvidable.

Todo es muy extraño. Nunca imaginamos que todos los ritos de nuestro día grande se iban a perder. Es el día pero nos hace falta todo aquello que hace que se convierta en el día. El abrazo cálido, el tacto de la túnica, el último beso antes de sumergirse en el antifaz. La semana pasa sin las mayúsculas de las letras con las que nos referimos a ella. Nunca nos quitarán nuestro sueño pero este año nos han quitado el recuerdo.

Aunque las calles de los pueblos y las ciudades están vacías de sentimiento, hay un lugar donde sigue existiendo la Semana Santa como la pensamos. Son las azoteas de las casas donde hay un niño. A la tarde si subes podrás oír a lo lejos el sonido de alguna marcha. Y la voz dulce de un niño «aestaes». Es cortada y tímida pero llena a todo el vecindario que le recorre un escalofrío por todo el cuerpo.

Avistas desde lejos pequeños pasos haciendo cortas procesiones en el perímetro de azoteas. Es como un fuerte latido que rompe a sobrevivir la primavera. Los niños son los que nos han devuelto un poco más nuestra Semana Santa. Quizás porque la Semana Santa es la dimensión donde todos volvemos a ser los niños que durante una semana gozan de la hermosura de vivir.

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