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Internacional, 💚 El Rincón de la Memoria

La Virgen que sobrevivió a la bomba atómica

El 9 de agosto de 1945 una bomba atómica cayó sobre la ciudad de Nagasaki colaborando decisivamente al fin de la segunda Guerra mundial. Apenas tres días después de la bomba Little Boy embajada sobre Hiroshima el artefacto conocido como Fat Man destruyó prácticamente en su integridad la ciudad japonesa. Entre 105.000 y 120.000 personas murieron y 130.000 resultaron heridas en los que hasta el momento han sido los únicos ataques nucleares de la historia. Contabilizando los heridos que murieron en los años siguientes a consecuencias del ataque, se estima que la tragedia provocó casi un cuarto de millón de fallecidos.

En la antesala de toda aquella desolación, a medio kilómetro del lugar en el que estalló la bomba atómica de Nagasaki se encontraba absolutamente repleta de fieles la catedral de Urakami el 9 de agosto acogía la celebración de la solemnidad de la Asunción de María dejando la Catedral en ruinas todos los cristianos que en ellas se encontraban fallecidos. El interior del templo albergaba el busto de una imagen mariana inspirada en la Inmaculada Concepción de Bartolomé Esteban Murillo, conocida como la Virgen de Urakami, que pese a sufrir importantísimos daños sobrevivió a la bomba. Daños que afectaron fatalmente a la talla que perdió los ojos y el cabello tallado.

El rostro carbonizado de la Virgen María, que fue conservado como símbolo de la paz y de la lucha contra el uso de las armas nucleares, se encuentra en la actualidad en la nueva catedral que los cristianos de Nagasaki quisiera levantar sobre las ruinas de la primera hice culminada en 1959 en un lugar extremadamente simbólico para ellos toda vez que en aquel enclave se produjeron hasta 1875, cuando la persecución del cristianismo en Japón fue abolida, los terribles y humillantes interrogatorios que sufrieron miles de cristianos del país nipón. En aquel lugar entre 1875 y 1925 fue construido el templo neorrománico que acabó siendo pasto de la desolación en 1945.

El nuevo templo construido en un estilo similar alberga a la Virgen de Urakami en su interior, una imagen dotada de un evidente e insustituible simbolismo, que 74 años después de la tragedia presidió la solemne Eucaristía que presidió el Papa Francisco en Nagasaki, en la que el sumo pontífice alzado «por la conversión de las conciencias y por el triunfo de una cultura de la vida de la reconciliación y de la fraternidad (…) una fraternidad que sepa reconocer y garantizar las diferencias en la búsqueda de un destino común (…) para buscar uno de los anhelos más profundos del corazón humano que es el deseo de paz y estabilidad» añadiendo que «la posesión de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva no son la respuesta más acertada este deseo». Hoy la Virgen de Nagasaki, la Virgen de Urakami, la que según los lugareños llora por lo ocurrido hace tres cuartos de siglo, ha vuelto a erigirse como símbolo del anhelo de paz del mundo frente a la barbarie. Una paz más necesaria ahora que nunca.

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