Los palios olvidados de la Semana Santa de Córdoba (II)

Resulta, cuando menos, curioso la cantidad de modificaciones, estrenos e innovaciones de las que están siendo objeto los distintos palios de las dolorosas cordobesas. Pero sin duda, es aún más curioso cuando se establece una comparación entre algunos de los que ya se hallan desaparecidos del panorama cofrade y de los que ya comenzamos a hablar anteriormente, imprescindible dentro del espacio dedicado a la historia de la Semana Santa de Córdoba.

Si en la publicación anterior traíamos a la memoria el mítico palio ochavado de Nuestra Señora de las Angustias que marcaría una tendencia en la ciudad califal y que más tarde pasaría a manos de la Hermandad del Prendimiento, ya adaptado a la forma clásica, tampoco podíamos dejar de recordar otro de los palios ochavados que generaciones anteriores de cofrades tuvieron la oportunidad de conocer décadas atrás: el de María Santísima de la Esperanza, a la cual vemos entrando en la Catedral, posiblemente a primeros de la década de los 60, cuando la Carrera Oficial fue trasladada allí.

Fotografía Maribel Gómez

Aquel característico palio diseñado por el propio Juan Martínez Cerrillo sería estrenado en el año 1950, dando lugar a una novedad que incluía los varales, labrados en metal plateado en Lucena por Angulo. Por su parte, el palio propiamente dicho sería obra de las Madres Adoratrices de Córdoba, debiendo destacar en él la característica tela de malla aderezada con guadamecíes, terciopelo verde y sedas de colores a las que había que sumar los símbolos asociados a la advocación de la Virgen de Cerrillo y el escudo de la cofradía que era portado por ángeles. Se creaba así un representativo y vistoso conjunto de sello inequívoco que sin embargo sería sustituido progresivamente, primero en 1982 con la incorporación de los nuevos varales, pasando los primitivos a ser parte del paso de la Virgen de la Victoria de la Hermandad de la Entrada Triunfal y más tarde en 1997, con las bambalinas diseñadas por Antonio Villar Moreno.

También la Hermandad de Pasión contó en su día con un palio ochavado bajo el que procesionó María Santísima del Amor. La instantánea que acompaña estas líneas data de 1983, momento en que la enternecedora titular mariana comenzaba a sumar esa pieza a su estética, traduciéndose en un hecho que sin duda alguna supuso una gran novedad en el conjunto del que hasta entonces había hecho gala la dolorosa de la cofradía de San Basilio.

Fotografía Memorias Cofrades

Tal y como se puede comprobar por dicha imagen, las bambalinas distan aún mucho de las que el paso luce en la actualidad y los varales son lisos, dando forma a un característico palio ochavado que parecía sumarse a la línea marcada inicialmente por la Hermandad de las Angustias a finales de la década de los 30 y más tarde también por María Santísima de la Paz y Esperanza. Igualmente interesante pueden ser otros complementos fundamentales como fueron las flores empleadas en aquella Semana Santa del 83 – mayoritariamente claveles –, las cuales volvían a ser de color rosa, incorporándolas también en las esquinas. Aunque incuestionablemente, uno de los detalles más reseñables de dicha imagen sea la palpable ausencia de la talla de San Juan, indispensable en la escena de la conversación entre la Santísima Virgen y el amado discípulo.

A pesar de que el palio que ahora nos ocupa aún podría considerarse como parte de la historia reciente, sí que merece ser incluido en este repaso por el patrimonio que un día marcó las estaciones de penitencia de las cofradías cordobesas. Nos referimos sin duda al palio bajo el que se meció María Santísima del Rocío y Lágrimas, estrenado en su primera salida procesional en la jornada del Miércoles Santo del año 2000 con varales y candelería de hasta 70 piezas elaboradas por Luís Jiménez, peana y candelabros entre varales y jarras frontales de Ramón Orivio de la Torre y jarras laterales de Luís Santos.

Fuente Fotográfica Cruz de Guía Córdoba

Rompía la titular del Perdón la costumbre de los palios habitualmente negros, azules y rojos con uno confeccionado en terciopelo verde oscuro – a juego con el manto – y techo de color granate, diseñado por Fray Ricardo de Córdoba, que tanta huella ha dejado en las hermandades de la ciudad, y realizado por Antonio Villar Moreno. No obstante, la trayectoria del palio descrito en el seno de la Hermandad del Perdón se vería interrumpida en 2010, momento en que la estética que rodeaba a la obra de Romero Zafra se vería radicalmente modificada con el estreno de un palio de cajón realizado en terciopelo rojo, que en 2014 ocupó titulares por el ataque de que fue objeto en 2014, sobre el que se vertió lejía dañando tanto la bambalina trasera como el manto, que fue reemplazado por el antiguo manto azul pavo real de la Virgen de la Amargura.