La Iglesia Parroquial de San Mateo se convirtió, en la noche del viernes, en el epicentro espiritual y sentimental de la ciudad con la celebración del Pregón de las Glorias a María y la solemne proclamación de la Aracelitana Mayor y su Corte de Honor, dentro del marco de las esperadas Fiestas Aracelitanas 2025.
El acto, uno de los más entrañables y esperados por el pueblo aracelitano, dio comienzo con la imposición de bandas a las jóvenes designadas como damas de la Corte, en una ceremonia cargada de emoción, ilusión y orgullo familiar. Las nuevas representantes fueron recibidas con una cálida ovación por parte de los asistentes, que llenaban por completo las naves del templo.
A las 21:15 horas, el secretario de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli presentó al pregonero de este año, Rafael Ramírez Ponferrada, cuyo anuncio fue precedido por una intervención especialmente emotiva: su hija, Clara Ramírez Baum, ofreció una cálida semblanza de su padre. Definiéndolo con una sola palabra —»corazón»—, la joven trazó el perfil de un hombre profundamente vinculado a los valores de Lucena y de su Patrona, pese a no haber nacido en la ciudad. “Desde el primer instante supo que Lucena es Araceli”, afirmó con firmeza, provocando los primeros suspiros de la velada.
Conmovido, el pregonero tomó la palabra veinte minutos más tarde, abriendo su intervención con un relato íntimo y desgarrador: el fallecimiento de su madre, coincidente con una romería aracelitana, marcó un antes y un después en su devoción. “Allí, entre lágrimas y promesas, comprendí que María Santísima de Araceli no solo es Reina de Lucena, sino consuelo de los que sufren”, expresó ante un público visiblemente emocionado.
Durante el pregón se sucedieron momentos de gran intensidad, como la interpretación de un fandango lucentino por parte del maestro Antonio Nieto, quien puso voz a los sentimientos que el pregonero acababa de desvelar. Más adelante, la aparición del cantaor «El Califa», con un segundo fandango, volvió a llenar la iglesia de esa esencia popular que nutre la devoción de todo un pueblo.
El pregonero, emocionado, también dedicó unas sentidas palabras a su hija, devolviendo con ternura los elogios recibidos minutos antes, en un emotivo intercambio familiar que reforzó el carácter íntimo y humano de la noche. Asimismo, dedicó un sentido homenaje a la cuadrilla de santeros que portará a la Virgen en su día grande, reconociendo su entrega y amor silencioso.
Pasadas las 22:30 horas, Rafael Ramírez Ponferrada ponía fin a su alocución entre vivas, aplausos y lágrimas, dejando grabada en la memoria colectiva una exaltación que se recordará por años: un testimonio de fe arraigada, de gratitud incondicional y de amor inquebrantable a la Madre y Señora de Lucena.
La jornada concluyó envuelta en un cálido aplauso unánime, símbolo del alma aracelitana que, una vez más, brilló con fuerza en el corazón devoto de la ciudad.





