Con la llegada de la festividad de su advocación, María Santísima de la Candelaria se convierte cada año en protagonista absoluta de la devoción latente de manera perenne en el corazón de los cofrades de la Hermandad del Huerto, que peregrinan ante la mirada doliente de Aquella que enseñó a orar a quien enseñó a orar a la humanidad entera, y alumbre desde siempre los pasos de los hombres camino de la tierra prometida en presencia del Creador.
Ella es la que ilumina los senderos en los momentos de tribulación y quien calma la tempestad cuando azota el temporal de la vicisitudes cotidianas. Ante sus pupilas, nuestro compañero Antonio Poyato ha peregrinado también para alimentarse del divino maná que, en forma de luz eterna, emerge de su majestad de Reina y de su dulzura de Madre…
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