«Luz en mi oscuridad», la joya de Fernando Vaquero para la Virgen de los Desamparados, para las Penas de Santiago y para la ciudad de Córdoba

Cuando la Junta de Gobierno de la Hermandad cordobesa de las Penas de Santiago eligió a Fernando Vaquero Valero para ilustrar los cincuenta primeros años de vida de la Virgen de los Desamparados un incontenible sentimiento de satisfacción se apoderó de mis entrañas, consciente de que el destino me iba a proporcionar la fortuna de volver a gozar de una de sus maravillosas creaciones, dedicada a la ciudad en la que tengo la suerte de vivir. Ya nos dejó a todos embelesados con su magnífico cartel de la Semana Santa de 2020 y estaba plenamente convencido de que esta nueva oportunidad sería un momento propicio para que Fernando nos volviese a dejar sin aliento. Y a fe que así ha sido. Fernando lo ha vuelto a hacer.

La iglesia de Santiago Apóstol, otra joya, en este caso arquitectónica, erigida sobre la antigua Mezquita del Emir Hisham en el siglo XIII, que forma parte del grupo de iglesias fernandinas que se diseminan por el casco histórico de la ciudad de San Rafael ha sido el escenario perfecto para desvelar una auténtica maravilla que el autor ha querido titular «Luz en mi oscuridad», realizada en óleo sobre tabla, de 120 x 50 centímetros, que ha dedicado a su madre Natividad Valero, «por su valentía, fortaleza y por no desfallecer pase lo que pase», como hizo la Virgen María ante el crudísimo desafío de resistir ante la muerte de su Hijo y erigirse como la luz que iluminase a la humanidad entera. «Una obra de la que me cuesta mucho desprenderme en estos momentos y que espero os recuerde siempre que Ella y solo Ella es la luz que nos guía en la oscuridad», ha asegurado Vaquero.

El autor ha confesado durante la presentación que este cartel ha sido creado durante un momento familiar complicado y ha confesado que llegó a temer que en aquellas circunstancias las ideas no surgieran. En este sentido, Vaquero, que ha incidido en que «finalmente la inspiración llego del propio dolor«, ha explicado que en este proceso ha experimentado “momentos de oscuridad y de afectación emocional», traducidos en la sensación de sentirse «de alguna manera bloqueado para crear y tiene miedo de que las ideas no surjan…, lo que en música se llama el “miedo escénico” y en pintura el “miedo al lienzo en blanco” -ha comentado-. Por eso, ha desvelado que lo primero que se le ocurrió con esta obra fue hacer desaparecer aquel blanco pintando toda la obra de negro. «Entonces mi visión cambió pues ese color estaba más en sintonía con lo que yo sentía en aquel momento y porque si hay algún color que simbolice el desamparo es precisamente ese: el negro, porque el negro no es un color sino la ausencia de color y con ese primer paso dado esta obra comenzó a nacer», ha revelado Vaquero.

El autor ha explicado que fue entonces cuando pensó «en vuestra Virgen, en su sufrimiento, en la oscuridad de su existencia en aquellos momentos, en como Ella se sentiría al ver a su Hijo muerto en la cruz, y mirándola le pedí que me iluminara, que me ayudara a representar esta obra. Y aquel día se obró el milagro pues entendí al instante que es Ella la luz que nos ilumina en los momentos de desamparo, la que nos guía en la oscuridad». Porque «cuando nos sentimos perdidos y desamparados, cuando pedimos ayuda hacemos exactamente el mismo gesto que Ella: miramos hacia arriba suplicando, incluso cuando rezamos a nuestras imágenes también lo hacemos así: elevamos nuestra mirada hacia arriba como Ella lo hace», ha afirmado el artista.

En la impresionante obra, el punto de mayor iluminación está en la mirada de la dolorosa del imaginero sevillano Antonio Eslava Rubio, «en esa mirada tan increíblemente expresiva que aun sin poder ver lo que ella está viendo en ese momento su rostro parece contárnoslo, en el reflejo de sus ojos y de sus lagrimas se nos adivina la figura de ese Hijo muerto por el que Ella llora amargamente». Vaquero ha incidido en que «podría haber jugado también con el brillo de su diadema, de sus joyas, podría haber resaltado el juego preciosista de su tocado pero todo, aunque está pintado, lo he dejado en un segundo plano, casi en penumbra, porque para expresar ese dolor a esta Virgen le basta y le sobra con su mirada».

Entre los detalles del cuadro se encuentra la palabra “Desamparados” que está pintada dos veces, una en grande, abajo del cartel y otra en el broche de su pecho así como dos homenajes a Eslava, «el primero en forma de firma, la firma del imaginero, entre el texto de abajo y el pecherín de la Virgen y el segundo en los materiales utilizados para construir este cartel que son los mismos con los que fue creada esta Virgen: madera, sobre la madera estuco, sobre el estuco la pintura y sobre la pintura el barniz«, ha indicado el autor.

En suma, una nueva maravilla, nacida de la inagotable creatividad, pese al bloqueo, finalmente vencido, de uno de los autores más relevantes del panorama de la pintura religiosa y cofrade contemporánea, para conmemorar que, en palabras del propio autor: «hace 50 años esta Virgen fue bendecida y en aquel momento lo que era solo una obra artística pasó a un nivel superior pues desde aquel día nuestra Madre de los Desamparados es la viva imagen de la que nos ampara en el cielo y por eso podemos rezarle, agradecerle y pedirle que nos ilumine». Porque «Ella, desde el día de su bendición esta aquí, viva, para que su sensación de presencia nos reconforte, nos traslade a tiempos pasados, e incluso, como ha sido mi caso, nos siga inspirando artísticamente«, ha concluido un emocionado Fernando Vaquero que ha vuelto a dejar su sello en una joya que ya forma parte de la historia de las hermandades cordobesas.