Opinión, Otra manera de ver las cosas

Maldito pesimismo

Érase un mundo ideal. En donde no existían las enfermedades, las guerras, la muerte y la pobreza. Todo era maravilloso.

Con esta pequeña introducción, resume a la perfección lo que usted y yo deseamos. En cambio, nada de ello está siendo así. Parece que es todo lo contrario: el mundo se está viniendo abajo; parece el fin de los tiempos; la actualidad no nos deja respirar, casi salimos de un desastre y aparece otro peor; cada cosa es peor y nos preguntamos: ¿Por qué la vida no nos deja descansar? Y, es entonces cuando entramos en un dogma de nuestro tiempo llamado pesimismo.

Parafraseando a Arthur Schopenhauer “Toda vida es sufrimiento”, parece más bien un profeta, que un filósofo.

Tanto es así que el pesimismo es una máxima en nuestras vidas por los acontecimientos, las noticias, los mensajes que intercambiamos entre nosotros y el cómo nos comportamos.

Siempre los medios de comunicación son para cuestiones nefastas. ¿Cuándo hay una noticia positiva, alegre o una superación personal? ¿Cuándo es noticia? En cambio, perpetuamente las informaciones son parecidas: Crímenes; asesinatos; violaciones; agresiones; accidentes; enfermedades; corrupción; detenciones; delincuencia, o será a lo mejor: ¿Qué es lo que nos gusta? ¿En realidad no nos da algo de morbo? ¿No es lo que deseamos escuchar? Maldito pesimismo.

Cuando interactuamos con nuestros semejantes, en la muchas de las ocasiones: pues tal persona está pasándolo mal; esta persona ha fallecido; nos repetimos y repetidos sobre nuestras propias desgracias que nos han ocurrido en la vida, y nos re creamos y recreamos en ellas teniéndose que contarlas para desahogarnos; ¡cuántas personas que conocemos sólo nos cuentan la misma desgracia siempre!; mensajes negativos que recibimos de las personas continuamente: no merece la pena, no lo hagas, no puedes, lo he pasado muy mal, yo no pude, estoy pasando una mala racha, me estoy reencontrando… ¿No será que nos gusta también conversar sobre lo mismo? ¿Y si mi vida es pesimista no intento transmitirle el pesimismo a mi semejante? Maldito pesimismo.

La actitud que tomamos ante la vida: el Carpen Die: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” o “vive cada momento de tu vida como si fuese el último” sin importar las consecuencias, mientras no hagas daño a nadie o se esté de acuerdo; vive a tope porqué luego no se sabe; ¡de algo habrá que morirse!; buscamos el placer y comodidad a toda costa porque mañana ¿Quién sabe?; haz lo que te apetezca, sin ningún tipo de filtros; es tu cuerpo es tuyo; consume y consume; viaja y viaja; por no escribir otros dichos populares que son groseros; aquí en la vida vamos a estar tres días. Maldito pesimismo, y ¿Qué inconsciencia? Te estás jugando la vida eterna.

Como hemos podido valorar, entender y se hace palpable, día a día la existencia del pesimismo, y no lo qué nos pretenden que entendamos: la no existencia de ningún tipo de máximas, dogmas o maneras de pensar. Como cada cual desee calificar. ¿Acaso nos creemos que estamos viviendo circunstancias diferentes a otra época? Y si, se está produciendo un cambio de época ¿Otros no han pasado ya por ello? Ello, ya lo dictaminarán los historiadores.

Mis escritos dirigidos a ser un apologeta (defensor) católico del siglo XXI, estoy totalmente en contra como católico de este pesimismo imperante que nos envuelve, porqué el católico es un optimista por naturaleza. Sabe a la perfección de quién se fía, donde tiene puesta su esperanza en tiempos difíciles y la promesa del mismo Dios, encarnado. ¿Qué hay que temer?

¿Cuáles han sido las personas más optimistas? Pues los santos de la Santa Iglesia Católica. Ellos comprendieron la vida, no llena de dificultad como la mía y la suya, pero son los santos ante todo, los que fueron optimistas.

Santa Ángela de la Cruz, Sor Ángela optimista porque las Hermanas de la Cruz, orden religiosa fundada por ella, se encargan, antes que existiera la ayuda a domicilio, siendo una gran optimista debido al cuidado, visita, asistencia en sus domicilios a ancianos y pobres, para la ayuda de toda clase de necesidades que puedan poseer estas personas. Antes de realizar todo ello, se postran ante nuestro Dios alabando y llevan una vida, totalmente austera y humilde.

San Juan Bosco, fundador de los Salesianos, siendo un optimista de su tiempo, porqué creyó en la educación de las clases más pobres. Siendo una formación humana, integral, y católica para las clases populares. Él creía en una educación universal, antes de que lo hiciera el estado.

Otra Santa muy contemporánea. Santa Teresa de Calcuta. Gran optimista y fundadora de las Misioneras de la Caridad, y conocida por todos. Se fue a uno de los barrios más pobres de Calcuta para dar aliento a los más pobres entres los pobres, a moribundos, enfermos con enfermedades contagiosas y los más marginados entre los marginados. 

Así, atienden a escuelas, servidas por voluntarios para formación y educación. Poseen comedores sociales. Y, como las Hermanas de la Cruz su jornada comienza con la oración, aun teniendo que desempeñar tantísimo bien allí donde se encuentran.

Estos son unos tres ejemplos, de tantos y tantos santos optimistas que ha regalado la Santa Iglesia de Dios.

“No tenemos la solución de todos los problemas del mundo en nuestras manos; pero ante los problemas del mundo, tenemos nuestras manos”. Santa Teresa de Calcuta.