El año 2024 ha finalizado con varias procesiones extraordinarias en Sevilla. Entre las mismas estuvo la Magna, que supuso la clausura del II Congreso de Hermandades y Piedad Popular, así como el regreso del Cristo de San Agustín a San Roque.
Entre las mismas ambos acontecimientos, un capataz tuvo gran protagonismo, Manolo Villanueva, valedor de una de las sagas familiares más importantes de la capital hispalense. En la Magna, Villanueva dirigió los pasos del Gran Poder, dando muestra de uno de los estilos más genuinos como el que atesora el Nazareno de San Lorenzo.
Lo mismo sucedió con la vuelta del Cristo de San Agustín, tras permanecer expuesto en la muestra ‘Fons Pietatis’. El crucificado recorrió algunas de las calles más angostas del casco histórico sevillano y, ahí, Villanueva dejó patente los motivos que lo han llevado a ser considerado como uno de los mejores, si no el mejor, capataz del momento.
Heredero de un estilo clásico, Villanueva se ha convertido en un icono del que comienza a tomar el testigo su hijo Antonio, para dar continuidad a esta dinastía de capataces.





