Hoy 11 de diciembre se cumple el 61 aniversario del fallecimiento de un gran compositor sevillano, Vicente Gómez Zarzuela. Nació en la ciudad de la Giralda allá por el año 1870. Desde joven estuvo ligado a la Hermandad del Valle, en la cual llegó a pertenecer a distintas juntas de gobierno. En lo que respecta a sus estudios musicales, estudió violín en el Hogar San Fernando, y también adquirió nociones de armonía y composición. Además de marchas procesionales, también compuso zarzuelas y diversas coplas de corte religioso, con piezas dedicadas a su Cofradía del Valle, así como a la Amargura y al Museo. Gómez Zarzuela se trasladó a la gaditana localidad de Arcos de la Frontera en 1940, donde le dedica una composición a la Virgen de las Nieves, patrona del municipio, así como una marcha procesional titulada «Saeta», también conocida como «Jesús Pasa», dedicada a la Hermandad de las Tres Caídas de Arcos.
A pesar de que solo compuso dos marchas procesionales, una la anteriormente mencionada para la Cofradía arcense y otra la archiconocida «Virgen del Valle», cabe destacar que esta última es una de esas composiciones que ha sonado a lo largo y ancho de nuestra tierra tras multitud de pasos de palio. La composición, realizada por Vicente Gómez Zarzuela en 1897, está dedicada al Fiscal de la junta de gobierno del Valle de aquel entonces, Alberto Barrau y Grande, fallecido a los 22 años de edad al hundirse el Vapor Aznalfarache tras colisionar con la Torre del Oro en noviembre de 1896. De corte fúnebre al evocar aquel trágico suceso, esta marcha describe a la perfección la idiosincrasia del palio de la Virgen del Valle en particular, así como la de un paso de palio de corte sobrio en general, dibujando melodías fúnebres que reflejan fielmente el Dolor de María durante la Pasión de Jesús. La marcha fue estrenada tras un paso de palio en el año 1898, interpretada por el Regimiento Granada 34.
Hoy en día es complicado imaginar una Semana Santa sin los sones de «Virgen del Valle» tras algún paso de palio. La obra viene a ser el contrapunto a otras composiciones de corte alegre, con diversos compases que navegan entre la tristeza y la elegancia. Vicente Gómez Zarzuela, fallecido hace ya más de seis décadas, nos dejó un patrimonio cultural eterno, como tantos autores del pasado siglo hicieron, y cuya música jamás debería dejar de sonar tras nuestros pasos de palio.





