En la actualidad, hemos llegado a límites que jamás pensábamos que aparecerían en el mundo de las bandas cofrades. Por desgracia, aparecen cada vez más discusiones y disputas entre unas y otras bandas, olvidando que esto es un hobbie, una forma de disfrutar de la vida, de crear ilusión entre los más pequeños, de disfrutar cada acorde y cada nota de cada marcha, de vivir cada segundo detrás de cualquier hermandad de nuestra geografía.
Se ha creado el término “jugar a las bandas” después de que se repitan, una y otra vez, indirectas en redes sociales entre los componentes de bandas con tal de desprestigiar el trabajo de otra. ¿De verdad estamos en el camino correcto? El chaval o la chica a la que le estás diciendo algo sobre su banda, echa las mismas horas o más que la otra persona ensayando, trabajando, peleando por llegar lejos y soñando con llevar el nombre de su banda por los mejores lugares. Pero no, es mejor reírse, echar leña al fuego y dejar que la cizaña haga de las suyas en este mundo de redes sociales que está destinado a ser uno de los fracasos de la sociedad.
Después de ver una y otra vez la misma pantomima, ves cómo aparecen en escena las contrataciones y certámenes. Más leña, más fuego. Y se escucha aquello de: “si esta banda te pide 2500, yo te toco por 1800 y bocadillos”. En ese momento, suena un run run en los grupos de WhatsApp de bandas, de cofradías, de tertulias con la cantinela.
Mi pregunta ahora es: ¿esa gente no se avergüenza de vender a su banda por cuatro duros después de un año entero de ensayos día tras día sin descanso?
Y ahí, después de todo, llegas a la conclusión de que el mismo que se ha reído del trabajo de otra banda por redes, es el mismo que ha tirado el trabajo de su banda y va “baratito” al contrato que le han quitado a esa banda en cuestión.
Hay que abrir los ojos de una vez, plantearse a dónde estamos llegando y, sobre todo, mirar por nuestras bandas, nuestros músicos, nuestro futuro y cantera. El ejemplo que le damos a los niños que sueñan con ser músicos algún día, no puede ser este. Un niño quiere coger un tambor, una trompeta, una corneta… ilusionado, con ganas de disfrutar por y para su banda.
Este, no es el camino. Este es el sino de nuestra música y nuestra historia cofrade-musical.
Álvaro de La Fuente Rosa es componente de la BCT “Fe y Consuelo” de Martos (Jaén).
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