La Semana Santa de Sevilla de 2025 ha dejado tras de sí una estela de controversias que han desdibujado su esencia tradicional. La proliferación de vallas y aforamientos ha transformado el centro histórico en un laberinto de restricciones, generando malestar entre cofrades y ciudadanos. Calles emblemáticas como Tetuán, O’Donnell, Cuesta del Rosario y el Arco del Postigo se vieron afectadas por aforamientos «dinámicos» que, lejos de facilitar el tránsito, provocaron embudos y situaciones de riesgo. La Plaza de la Encarnación, por ejemplo, se convirtió en un punto crítico durante el paso de la Hermandad de San Benito, con aglomeraciones que pusieron en jaque la seguridad de los asistentes.
El Consejo de Hermandades y Cofradías ha calificado de «abominable» la gestión de las vallas que impidieron el acceso de las hermandades a la carrera oficial. Su presidente, Francisco Vélez, ha señalado que estas medidas son una «falta de respeto» y ha instado a que no se repitan en futuras ediciones. Vélez también ha advertido sobre el «excesivo número de nazarenos» en los cortejos procesionales, un problema que, según él, deben solucionar las hermandades internamente.
El Ayuntamiento de Sevilla, en un intento por mejorar la movilidad, anunció la sustitución de vallas por líneas rojas pintadas en el suelo. Sin embargo, esta medida ha sido implementada de manera parcial y no ha logrado evitar las aglomeraciones ni las restricciones de acceso en puntos clave del recorrido procesional.
La Semana Santa sevillana corre el riesgo de perder su esencia si continúa por este camino de restricciones y control excesivo. Lo que debería ser una manifestación abierta y participativa se está convirtiendo en un evento exclusivo, donde el acceso a las cofradías se ve limitado por barreras físicas y normativas. La afluencia masiva ha convertido en intransitables jornadas tradicionalmente tranquilas, como el Jueves o el Sábado Santo.
Es imperativo que las autoridades locales, en colaboración con las hermandades y la ciudadanía, reevalúen las medidas de seguridad implementadas durante la Semana Santa. La protección de los asistentes no debe estar reñida con la preservación del carácter abierto y accesible de esta celebración. Solo así se garantizará que la Semana Santa de Sevilla siga siendo un patrimonio vivo y compartido por todos.





