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Córdoba, Costal, El suspiro del Ángel, Opinión

Miserias que seguirán siendo un cáncer para las cofradías

Suspira el querubín, sobrevolando divertido las columnas del antiguo templo que terminasen en tiempos de Domiciano, por quien lleva un tiempo intentando mover hilos a derecha e incluso a izquierda para intentar seguir los pasos de su predecesor y encontrar acomodo en algún lugar en el que los focos le sigan apuntando. Suspira porque sabe que provoca hilaridad en propios y extraños y despierta la misma ternura inusitada que un peluche al que abrazar sin medida.

Suspira el serafín por los privilegios que se difuminan a la misma velocidad a la que se aproxima el final de los mandatos. Suspira por la rabia indisimulada, infantil e indisimulada, que demuestran quienes pierden el control del cortijo gestionado y porque hay venganzas que jamás llegan a saborearse por más que uno espere a que el plato quede suficientemente frío.

Suspira el ángel por los martillos que pasan de mano en mano, por las copas financiadas con las cuotas de terceros, por quienes dimiten a tres días de que se convoquen elecciones para hacer creer, a quien se deje engañar, que existe distancia con quien lleva en la mano una vara dorada, por quienes retiran candidaturas por más miedo al voto en contra que a un hipotético rival y por quién medra en la penumbra para que un cura te dé lo que no eres capaz de ganar por ti mismo. Suspira porque sabe que hay miserias que seguirán siendo un cáncer para las cofradías a pesar de que el reloj de las Tendillas nos haga creer que toca vivir una vida nueva sin los vicios de cada día.

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