Este próximo viernes el Museo de Bellas Artes de Sevilla acoge una exposición dedicada a Martínez Montañés. Permanecerá como el principal atractivo de la temporada hasta el 15 de marzo, cuando la primera exposición sobre el maestro alcalaíno en cincuenta años — aquella tuvo lugar en 1969 bajo la dirección de Hernández Díaz— concluya con un éxito de afluencia.
Es lo que desean desde la primera pinacoteca hispalense, conscientes de que la antológica, que reunirá más de medio centenar de obras, será uno de los grandes atractivos durante los próximos meses. Si Alcalá la Real ya le dedicó una muestra el pasado año e incluso la Iglesia de la Anunciación acoge un pequeño homenaje al escultor con la exhibición de obras que posee de él, ahora, el antiguo Convento de la Merced, donde permaneció durante siglos el Nazareno de Pasión, tomará el relevo para poner en valor uno de los imagineros barrocos más sobresalientes de todos los tiempos.
Llegadas desde distintos puntos, como Jerez de la Frontera, Huelva, Llerena o Valladolid, de la capital estarán presentes imágenes que se han convertido en auténticos iconos devocionales, como el Cristo de los Desamparados, del Santo Ángel, o la Inmaculada de la Catedral, más conocida como “La Cieguecita”. Obras más conocidas del insigne imaginero, como el Cristo de la Clemencia, compartirán espacio —la sala V y la que acoge exposiciones temporales— con otras más desconocidas, provenientes de cenobios sevillanos como Santa Ana o el Buen Suceso, convento este que ha cedido para la ocasión una Santa Ana con la Virgen Niña. También San Leandro prestará las esculturas y relieves de los dos retablos que realizara para este cenobio, dando el visto bueno para su traslado al Museo de Bellas Artes la Comisión Provincial de Patrimonio a finales del pasado mes de octubre.

Para la muestra se han desempolvado las imágenes que se encontraban en el Convento de Santa Clara, hoy sede del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla, que, junto con otras, como las siete pertenecientes al Museo de Bellas Artes, conforman un total de 18 obras intervenidas para que brillen en todo su esplendor. Un arduo proceso de rehabilitación que ha devuelto tonalidades ensombrecidas por el paso del tiempo.
La muestra girará en torno a tres ejes fundamentales, como son los grandes conjuntos retablísticos, la imaginería y un tercero dedicado a prototipos que supusieron una seña de identidad a lo largo de su producción, como es el caso de las Inmaculadas. Serán un total de 57 obras de las cuales diez serán pinturas que formaron parte de algún retablo ejecutado por el maestro alcalaíno o que influyeron decisivamente en su producción, de tal modo que se presentan como de vital importancia para conocer la evolución del autor de Jesús de la Pasión.
Grandes ausentes

Hubo quien imaginó al Nazareno de la Hermandad de Pasión en la muestra, lo que hubiera supuesto un hecho sin precedentes, no ya solo porque una de sus obras cumbres regresase a un lugar del que tuvo que exiliarse sino porque se habría contextualizado mejor la obra de este prolífico escultor. Más esperanza había en que el Convento de Santa Paula cediese los santos Juanes que se encuentran en sendos retablos situados en la Iglesia. Uno de ellos con la efigie de San Juan Evangelista acompañado por el águila escribiendo el apocalipsis en la isla de Patmos, realizado en 1637, y el segundo, con San Juan Bautista, ejecutado tan solo un año más tarde. Sin embargo, las hermanas acabaron mostrando su oposición.





