Nuestro don

Todos tenemos unos dones concedidos. Hay dones mayestáticos, o eso creen los agraciados que los poseen. Viven en una ficticia majestad, en una nube con poco recorrido en el tiempo y que a veces, no son más que usados por otros, con dones bien diferentes, el del capricho, la utilización, el engaño y el juego de tú ponte aquí, dando la cara, que ya te utilizo yo, cual marioneta del poder.

En la Semana Santa, se encuentran dones como los musicales, como los literarios, los económicos, organizativos, fotográficos, artistas que con sus manos transforman de la nada sueños venideros para muchos barrios y fieles. Dones increíbles tanto para el que los posee, como para los que los utilizamos para el disfrute, el adorno o complemento en nuestro caminar hacia Dios.

Si, pensarán como yo, que muchos de estos dones quizá nunca vienen en el paquete con el don de la humildad, pero todo pasa, y a veces, bien se ven a ciertos artistas en el caminar de los caminos oscuros para conseguir que sus obras sean elegidas en tal trabajo, Hermandad, concurso, etc.

Los dones a veces van, a veces las circunstancias hacen que las musas vuelen hasta tiempos lejanos, o quizá, ya no vuelvan.

Todo este mundo tiene dones que muchos para ellos querrían, pero, hay otro dones, como el de la buena compaña, el de ayudar al prójimo sin más, el de la sinceridad, el del abrazo útil, el del amar como verdaderos hermanos, y por supuesto, no utilizar el nombre de Dios en vano, o, en su nombre utilizar algún cargo para esto u aquello.

Como verán, son más interesantes si cabe.

A día de hoy, vemos que son muchas las hermandades que fructifican poco a poco, que andaban ahí, con lo puesto, y que en número y patrimonio avanzan de la mano del amor, arrastrando muchos aplausos entre el mundo cofrade.

También tenemos, cómo no, las pro-hermandades. Grupos cristianos con sueños propios, únicos, que no son los compartidos por otras hermandades. Ideas nuevas, nuevas conjeturas que traerán a buen seguro, buenas consecuencias para nuestras ciudades, nuestros barrios.

A veces, son oportunidad y savia nueva que se agradece. Otros puntos de vista o formas de actuar, que no hay que desmerecer, mejor apoyar y respetar.

Todo lo que quizá esté perdido, no tengamos ya el don de encauzarlo, pero, si se comienza con el beneplácito del apoyo común, con la idea de que se haya aprendido de los errores, indiscretos, por supuesto que sin acierto, más que sin fuerza o ganas en la consecución. Errores todos podemos cometer, aunque tristemente, se hace un daño casi mortal, que dejan vacíos incalculables y no siempre reparables.

Las hermandades que se vayan sumando a nuestra memoria en el tiempo, deben comenzar con la premisa de tener ese don. Tener el don de la observación en tiempos pasados, en hermandades que quizá ya solamente sean peñas cultivadas, grupos de amigos que mañana son enemigos, y nuevos amigos vendrán, pero más que cristianos, son eso, reuniones para actos culturales, o actos para que el que tenga el don del aguante, no llegue a rastras a casa tras una jarana, lógicamente, enfundada en lo cristiano.

Hay que dar todo el apoyo a los dones verdaderos, esos que quizá no consigan premios en concursos, pero si, que una Hermandad sea eso, HERMANDAD.

Conozco a una persona que un día me dijo que lo difícil en el mundo cofrade era, hacer amigos, amigos de los de verdad.

Yo, nunca estuve de acuerdo con él, de hecho, conozco a esta persona de aires zumbaconeros puros, de coraje inmaculado en defensa de lo de siempre, lo clásico en nuestra Semana Santa, y lo admiro y lo quiero, pero nunca podré estar de acuerdo en que la amistad, los verdaderos amigos, se pueden conocer y cultivar en este mundo.

Quizá, sea eso, que yo tenga el don del optimismo, pero es que si no nos acercamos más a estos dones que a los sobresalientes y brillantes de la mente…

Sí, quizá en este mundo los dones del alma, sean más valiosos que los que surgen de las musas, y me da que a veces, algunos llaman musas a cantos de sirena de lugarcitos, o personas poco recomendables. 

Otro día, quizá hablemos de los diferentes dones, y se puedan dar incluso nombres y apellidos de cofrades ilustres y archiconocidos y reconocidos, pero hasta entonces, miren a su alrededor, piensen, recuerden a este u otro conocido o amigo, y pongan la etiqueta de, ¿qué don le pondríamos? Puede que incluso, a aquellas personas a las que les pongamos unos dones mayestáticos por su valor, y no por su fabulación personal, las tengamos abandonadas, negadas incluso en ocasiones, en beneficio de buenos para nada, que como no pensamos, intentamos creer que las musas, los aires de la grandeza, los pasean cual palio viniendo de frente con alegría mientras les va cayendo una petalada impropia, como impropios son sus dones, como impropio es a veces, el crear dioses en el mundo de Dios.