Océano de luz para aliviar sus penas

El Quinario al Nazareno caído de la cofradía del Lunes Santo evoca a la Cuaresma que llegará en unas semanas

Ocurre cada año. Siempre por esta fecha. Primero llega el pellizco silencioso y rápido que cala hasta los confines del alma igual que un aguacero en otoño. El pellizco se convierte en devoción. La devoción desemboca en amor. Esa pasión intensa da lugar a la tradición. Y, finalmente, todo ese maremágnum de emociones da como resultado el culto y el rito sagrado.

Hablar del Quinario al Santísimo Cristo de las Penas es conjugar a la perfección la sevillanía clásica, la Cuaresma, el barrio de San Vicente y el regusto a Lunes Santo. El imponente monumento de cera colocado estratégicamente a lo largo y alto del altar, el intenso color rojo de los ramos de claveles que perfuman a los Titulares, el empaque del dosel o la exquisita mesa sobre la que emerge todo.

Y, por supuesto, ellos. El Señor de las Penas, mirando a Sevilla mientras cae con la cruz a cuestas revestido de majestad con su maravillosa túnica bordada en oro. O la Virgen de las Penas, perfecta Madre Dolorosa siempre clamando consuelo al cielo con la humanidad natural y pura que tan bien captó el escultor. Y San Juan, siempre el discípulo Amado, que se muestra leal y firme al pie de la cruz junto a la progenitora del Salvador.

Sobran las palabras ante la brillante mano de la priostía, que un año más emociona con el retablo efímero desde el que se rinde culto al Dios de Dios. Por ello lo mejor es admirar la clásica belleza del Altar de Quinario al Cristo de las Penas en la galería fotográfica que se adjunta a continuación.

Este culto se prolongará hasta el próximo sábado, comenzando todos los días a las 20:30 horas. Asimismo, el domingo tendrá lugar la Función Principal a las 12 del mediodía.