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A golpe de horquilla, 💙 Opinión

Por la Cuesta de Jabonería

Para aquellos que aún no habéis parado por Cádiz en Semana Santa os advierto que estáis equivocados, pero a tiempo de hacerlo. Muchos la describen como una gran desconocida o la titulan como “la bella escondida” haciendo alusión a una famosa torre mirador del casco histórico de la ciudad.

El clima, sus gentes, su idiosincrasia, su historia, sus devociones… todo un conjunto de factores que hace de esta tierra y su semana santa algo diferente a las demás, como ocurrirá en todas las ciudades. Desde estas líneas que me presta este tan buen periódico cofrade, pregonaré a mi Cádiz para que la podáis conocer un poco mejor los que sois de fuera e incluso algún despistado que viene de dentro.

Al igual que ocurre en otras regiones, existe una gran cantidad de historietas y leyendas que le dan magia a nuestra fiesta, que ponen trasfondo a cada momento cofrade del año y que pasan de abuelos a nietos con el paso de los años y en el caso de Cádiz incluso de los siglos.

Hoy os contaré una de las anécdotas más populares y a la vez pasada por alto por muchas personas. El motivo de dejar en el olvido es quizás porque asumimos que existe una imagen a la que llamamos Regidor Perpetuo, lo cual le da una gran de importancia que la pone por encima del resto de imágenes devocionales, aunque no deba ser así, porque realmente todas son la misma persona.

¿Qué es eso de Regidor Perpetuo? Traducido resulta: alcalde para siempre, a lo que añadir “de toda Cádiz” no solo de algunos como si entienden muchos políticos (ahora que vienen elecciones podrían coger apuntes)

Para comprender el significado de esto debemos remontarnos a varios siglos atrás, cuando la epidemia de peste azotaba la provincia gaditana, rondando el año 1789 con múltiples casos en Gibraltar. En Cádiz el Hospital de San Juan de Dios, actual residencia de mayores, atendía en sus camas a todos aquellos afectados por esta enfermedad. Hospital pegado al antiguo arrabal de Santa María, popularmente conocido como el Barrio, actualmente dentro del recinto amurallado.

A partir de este momento no piensen si los milagros existen o no, cuánto de verdad puede tener una leyenda o cuántos años hayan pasado desde esto, dedíquense a leer y a imaginar la fría noche de aquel día:

Era madrugada, no muy lejos de las horas en las que empiezan a clarear los primeros rayos del sol, horas en las que lógicamente no hay excesivo público en las calles. Allá arriba en Santa María se encontraba frío el convento del mismo nombre, donde se hallaba al igual que en la actualidad Jesús Nazareno.

Solo una monja que rezaba desde las rejas que dan vista a la capilla del Señor y algunas personas que pasaban por aquellas callejuelas, seguramente para ir a sus oficios, fueron los que pudieron constatar lo que aquel día sucedió.

Dentro del silencio de los rezos de esta hermana, comenzó a oírse algo, como si una persona hubiese dentro de la iglesia provocando un disimulado ruido. Esta levantó la mirada para intentar buscar al causante de aquel tiberio, cuando de repente, observó el camarín del Señor y quedó perpleja, no se encontraba la imagen de Jesús dentro de él. Enseguida volvió a girar la cabeza para mirar unos segundos después, pensando que había sido fruto de su imaginación, pero… no era una mala pasada de su cabeza, él no se encontraba ya allí.

Alertada, pudiendo pensar que se trataba de un hurto, intentó ver si había alguien más en la calle que pudiera ser sospechoso, pero lo que encontró no era lo esperado… afirmó que pudo ver como Jesús bajaba las escalinatas de la iglesia hasta pisar la calle y bajar por Santa María hasta llegar a la cuesta de Jabonería, la cual finaliza prácticamente en la puerta del edificio en cuestión, el Hospital de San Juan de Dios.

La monja y las pocas personas que quedaron alucinadas con lo ocurrido afirmaron ver bajarse de la capilla a María Magdalena e ir tras él a su lado. Cuentan que el Señor y Magdalena fueron entrando en cada una de las habitaciones del Hospital donde se hallaban entonces los enfermos de peste. Finalizado esto, volvió a coger la cruz y a subir al barrio hasta su capilla, hasta la mañana siguiente.

Fechas en las que la peste en Cádiz fue reduciendo considerablemente, a ritmo poco normal hasta acabar en pocos días con la epidemia.

El lector es libre de creer lo que quiera, sacar sus propias conclusiones, pero siempre teniendo en cuenta que la historia cuenta esto como hecho verídico en el apartado de la peste en la capital gaditana.

Años después se nombró al Nazareno de Santa María Regidor Perpetuo de la ciudad, portando el bastón de mando del ayuntamiento todas las noches de Jueves Santo y desde entonces a la vera de María Magdalena y por supuesto por su calle, la cuesta de jabonería, donde hoy quedan reflejados en sus paredes en forma de saetas los recuerdos de aquella fría madrugada.

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