Córdoba, El Rincón de la Memoria

¿Por qué están vinculados al Adviento los cultos del Buen Fin, la antigua virgen de los Dolores de Salteras?

Son muchos los cordobeses que se preguntan por qué los cultos que cada año consagra la hermandad del Descendimiento a su titular mariana, Nuestra Señora del Buen Fin, están vinculados al Adviento. Y solamente algunos conocen que su advocación procede de una de las figuras más importantes del último medio siglo en la Córdoba Cofrade, Ricardo Olmo, Fray Ricardo de Córdoba y mucho menos que su origen proviene del pregón de Semana Santa que el capuchino protagonizase en la cuaresma de 1983, dos años antes de la virgen fuese bendecida.

Aquél día, en uno de los fragmentos de su intenso pregón, Fray Ricardo invocó el Buen Fin de la Madre de Dios, relacionándolo con tres significados; la Buen Fin de su Asunción a los Cielos, el Buen Fin de la Salvación que derivó de la muerte de su Hijo y el Buen Fin de su inmaculada concepción que derivó con el nacimiento de Jesús. Precisamente, esta última razón es la causa de que la dolorosa del Descendimiento lleve esta advocación y por ello sus cultos están íntimamente relacionados con la Natividad.

Y es que la figura de Fray Ricardo, esencial para tantas cofradías cordobesas, también lo fue para que la titular mariana de la corporación del Campo de la Verdad llegase a su seno. Porque fue él quien la trajo a Córdoba en 1985, poniendo en contacto a los propietarios de la imagen, los anticuarios sevillanos hermanos Morillo, con los dirigentes de la hermandad. La imagen, de la que sólo se hallaba en posesión de los anticuarios busto y manos, fue realizada en 1979 por el imaginero Manuel Hernández León.

Actual Virgen de los Dolores de Salteras | Dubé de Luque

La versión oficial explica que la virgen, que fue titular de la hermandad de Jesús Nazareno de Salteras, bajo la advocación de virgen de los Dolores, siendo sustituida por la actual de Dubé de Luque, «tras ser rechazada por la hermandad sevillana», terminó en manos de los hermanos Morillo, quienes le tallaron unas manos en escayola y el candelero en madera de pino. La versión extraoficial cuenta otra cosa. Sea como fuere, las dos imágenes históricas que encabezan este artículo son precisamente de aquella época, en Salteras. Dos fotografías que pertenecen al archivo personal de Manuel Jiménez y fueron realizadas por el mítico Fernand. El 12 de octubre de 1985, la virgen fue bendecida en una eucaristía concelebrada por el entonces párroco de San José y Espíritu Santo, José Luque Requere y, el consiliario de la hermandad, Antonio Carreras y Fray Ricardo de Córdoba, artífice de su llegada. 

En 2009, la imagen fue objeto de una profunda restauración realizada por Francisco Romero Zafra, a resultas del mal estado de conservación en el que se encontraba debido al paso del tiempo y a las intervenciones iniciales efectuadas por los hermanos Morillo. La intervención, que incluyó una un nuevo candelero, desveló numerosos repintes en la policromía del rostro, así como varios postizos en diversos puntos de la cara como nariz, boca, o cejas. Además se descubrió que, bajo unos dientes realizados en pasta – que fueron retirados – , se encontraban los originalmente tallados por Hernández León. Romero Zafra le suprimió un hojito bastante señalado que existía en el rostro y le incorporó nuevas lágrimas de cristal. Finalmente proporcionó de una nueva policromía de mayor calidad que la anterior que se encontraba deteriorada, presentando graves pérdidas principalmente por la zona del cuello y se sustituyeron las manos de yeso policromado por otros similares en madera de cedro.

Tres años después, Nuestra Señora del Buen Fin protagonizó uno de esos capítulos que pasan a convertirse con el transcurso del tiempo en un vago recuerdo, adormecido en la memoria colectiva, pues la hermandad del Descendimiento sacó a la calle a su titular mariana en una singular y primera procesión de gloria en la mañana de la señalada fecha del 15 de agosto de 1988, significativamente el día de la Asunción, en una procesión en la que la Santísima Virgen apareció sin el cobijo de palio alguno. Mucho han cambiado las cosas 32 años después de la llegada de la virgen del Buen Fin a Córdoba.

Hoy, incorporada a la estación de penitencia del Viernes Santo, la bellísima dolorosa ha conquistado a sus habitantes con una inequívoca dulzura cuya presencia en la ciudad de San Rafael, le otorga un lugar de privilegio entre la devoción de sus hijos… al tiempo que permite a quienes un día la tuvieron como Madre, allá en Salteras, acudir a rezarle como un día hicieron.