La vara del pertiguero, Opinión

Pregón de Navidad

Como voz en el desierto
que proclama la venida,
así el viento enhebra
el recuerdo de Isaías.
Por eso, Córdoba mía,
eres en occidente
nueva Belén de Efrata
para recibir al Oriente.

En ti ha nacido el sol
bajo los arcos omeyas
que han mudado su color
ante la eterna promesa.
La luna va en desbandada,
ha comprendido su sino,
ya que el Verbo sempiterno
jamás le cedió su sitio.

Tus murallas seculares
se revisten en su gloria
y tu ribera silente
en cantos rompe la aurora.
El potro con gozo brinca,
guitarras de fe se agrupan
y en los timbres de su grupa
hasta el rocío crepita.

La paz de San Basilio
se yergue en jardín de invierno,
donde guarda la noticia
como fiel Alcázar Viejo.
Del futuro, solo amor,
pues ya llegará el tránsito
que le haga cruzar el barrio
de camino a su pasión.

Santa Marina de mayo
recubre el diciembre fiero
que esperan deseosos
los antiguos piconeros.
Resucita de su letargo
la abuela santa Ana,
cuyas monjitas antaño
al niño cantaban nanas.

San Agustín y su feudo
de patios vecinales
con letrillas de Medina
hacen vibrar las calles.
Montero, Ocaña e Hinojo,
Nazareno, Parras, Zarco,
y eleva la fuente el tono
en Obispo López Criado.

Le replica San Lorenzo,
entre palmas de alegría,
con la voz carmelitana
de las Ánimas Benditas:
«¡Ave, Beata María,
dichosa Madre de Dios,
Remedio y flor de la villa
que dio a luz al Redentor».

San Nicolás no se olvida
y rubrica con su mano
una sentencia de gracia
que le sirva como amparo.
Con gran premura la llevan,
ya pasando el oratorio,
la buena Rita esposa
y san Judas el devoto.

«¡Salud!» claman a coro
San Juan y todos los santos;
ruegan piedad y auxilio,
los hermanos salesianos.
Merced pide Colón
al ángel capuchino
y los faroles dolientes
clemencia para el nacido.

Toda esquina, toda calle,
toda plaza y recoveco,
todas elevan la voz
recordando el juramento.
Toda la Córdoba mía
es un sagrario esta noche,
donde Dios hecho ya hombre
en un pesebre dormita.
Y por más escribir, se escriba,
ya en prosa, ya en verso,
que aquí nació la gloria,
que gloria fue de su pueblo
y que por la gloria misma
descendió desde los cielos.