Evangelium Solis, Opinión

«Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos…..»

Este domingo II de Adviento, la liturgia ya nos va introduciendo en la dinámica de la alegría que traerá la venida del Señor al mundo y destila pura esperanza. Hoy es una invitación constante de la Iglesia y para la Iglesia a preparar el corazón, la vida, los lugares donde se desarrolla la vida y por donde pasa y quiere volver a pasar el Dios de la Vida. Por todo ello, hoy llega un nuevo Evangelium Solis a Gente de Paz. 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;

Elévense los valles, desciendan los montes y colinas;

Que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.

Y todos verán la salvación de Dios.»

Palabra del Señor.

Hoy, el Evangelio nos ofrece el comienzo de la vida pública de Jesús. Lucas, nos sitúa en la historia del imperio romano, que es el tiempo histórico en que tienen lugar los acontecimientos de la vida de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva. Los personajes son conocidos: el emperador Tiberio sucesor de Augusto; el prefecto romano en Palestina que era Poncio Pilato; Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, como tetrarca de Galilea, donde comenzó a resonar la buena noticia para los hombres; al igual que Felipe, su hermano, que lo era de Iturea y Traconítide; los sumos sacerdotes fueron Anás y Caifás. De todos ellos tenemos una cronología casi puntual. Es un “sumario” histórico, muy propio de Lucas ¿Y qué?, podemos preguntarnos. Es una forma de poner de manifiesto que lo que ha de narrar no es algo que puede considerarse que ocurriera fuera de la historia de los hombres de carne y hueso. La figura de Jesús de Nazaret , en la historia, es apasionante y no se puede diluir en una piedad desencarnada. Sería un Jesús sin rostro, un credo sin corazón y un evangelio sin humanidad.

El Evangelio de hoy es totalmente histórico y  nos llega como mensaje de juicio y salvación para los que lo escuchemos. Dios siempre cumple sus promesas; lo que se nos ha presentado en la primera lectura de hoy comienza a ser realidad cuando los hombres se abren al Evangelio. Juan el Bautista es presentado bajo el impacto de Isaias, para llegar a la última expresión “y todo hombre verá la salvación de Dios”. Juan el Bautista no viene a cerrar la historia salvífica de Dios en el pasado, sino que quiere hace de enlace de unión con el profeta de Nazaret toda la acción salvadora que Dios ya había realizado en momentos puntuales y volvía a prometer por los profetas, en una nueva dimensión, para el futuro.

Para Lucas, la clave de su Evangelio es la salvación. Jesús, al nacer, recibirá el título de “salvador” y su misión es hacer posible la salvación de Dios. Por eso Lucas cuando, al presentar la figura de Juan el Bautista, que es la de un profeta de juicio, subraye que ese juicio será, con Jesús, un juicio de salvación para toda la humanidad. Juan el Bautista, para Lucas, es pre-anunciador de la salvación de Dios.

La salvación que nos habla Juan el Bautista no es para un pueblo, ni está encerrada en una tradición religiosa determinada. Lo que ha de ocurrir rompe todos los esquemas con que se esperaba que Dios actuara. Los oráculos proféticos de salvación, como el de Baruc de la primera lectura, todavía se quedan estrechos, aunque sean muy hermosos y esperanzadores. Jerusalén, aún bajo un simbolismo especial, seguía siendo el centro del judaísmo y de un pueblo que se empeñaba en que él era diferente, por elegido. El verdadero proyecto del Dios de la salvación es que todos serán salvados. Todos “verán” es como decir “experimentarán”.